I find television very educating. Every time somebody turns on the set, I go into the other room and read a book.
Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien enciende el aparato, me voy a la otra habitación y leo un libro.
Así como descartar ideas que no son geniales es muestra de genialidad, reconocer el propio límite es muestra de maestría. Reconocer la prueba de que lo que estamos haciendo es algo que no deberíamos estar haciendo. Ver que lo que estamos haciendo está en nuestro máximo. Percibir el crecimiento posible depende también de descubrir lo que se sabe sobre uno, es decir, de reconocer las propias capacidades, de exigir esas capacidades hasta el punto de notar que hay que ejercitar un músculo que se descubre dormido.
No entiendo todavía por qué sigo yendo al teatro con Jasón. De hecho, no puedo comprender en absoluto por qué sigo hablando con un ser tan desagradable. Termino de escribir las publicaciones del blog y me vuelve a llamar, solamente para criticar lo mal que están, lo pobres y poco imaginativos que son los artículos. Tal vez me guste su sinceridad, su falta de escrúpulos y su arrogancia. Definitivamente, no merece mi respeto artístico ni me resulta meritorio lo que escribe o piensa. Disfruto, eso sí, el hecho de poder criticarlo tan libremente y que lea lo que sobre él escribo con tanta frialdad, pudiendo separarlo de la forma, y que me haga devoluciones tan útiles. De hecho, descubro que no tiene casi resentimientos sobre lo que pienso de él.
En este caso, me invitaron a ver una obra de un grupo independiente y lo invité a Jasón, y también invité a una dulce amiga a quien llamo Alanis, porque ése es su nombre, claro.
Las discusiones entre Alanis, Jasón y yo suelen tener caminos llenos de ambigüedades, curvas cerradas, precipicios en que los tres caminamos apretados tratando de no caernos; pero nunca nuestros senderos son el mismo. Suele sucedernos que discutimos(en realidad, más Jasón y yo, Alanis no logra encenderse violentamente) y no llegamos a otra cosa más que una encrucijada nueva, pero no por eso nos desalentamos, ni dejamos de sacudirnos el polvo de la costumbre unos a otros. En general, tratamos de profundizar hasta el cansancio en toda pavada que surja como diferencia entre nosotros(excepto Alanis, que suele hacer ejercicios de relajación en medio de una conversación si se puso muy teórica), pero no nos dejamos llevar por discusiones semánticas, y si las palabras significan cosas distintas para nosotros, no continuamos hablando. Jasón es extremadamente estricto con esta determinación.
De todas nuestras charlas, salgo iluminado, y espero que ellos también. Habiendo ido a ver esta obra tan rara, descubrimos que aún de esa obra podíamos aprender cosas. Y no estoy apelando, como Jasón, al dicho: "Nadie es un completo inútil, al menos sirve de mal ejemplo". Me refiero al hecho de comprender lo que se hace y lo que se deja de hacer o se elige no hacer. Desde mi punto de vista, es pobre la postura de Jasón de echar la culpa a la incapacidad. Alanis se lo reprocha constantemente, y le insiste que el espectáculo teatral no puede ser otra cosa que placer, sin importar las cuestiones técnicas y lingüísticas que llevan a confusión y/o a dispersión de la atención.
Al entrar, después de haber esperado en un salón acogedor, lleno de fotos, y donde hasta se nos invitó a tomar un vaso de vino, penetramos por un espacio oscuro, donde había olor a humo "de cotillón"(esto me lo dijo Jasón, yo simplemente noté un aroma fuerte y extraño), y un haz de luz descendiendo desde arriba hasta el piso. Dos pisos de sillas puestos alrededor de un balcón que semejaba las barandas del patio interno de un palacio rodeaban ese pseudo patio, donde en el centro, hacia el fondo, se podía notar una gran mole de algo. Esperamos unos minutos a que se acomodara la gente, muy apresuradamente. Entonces, en medio de la oscuridad, con ese olor extraño alcanzándonos, y sin otra cosa más que nervios y ansiedad, vimos entrar al compás de fuertes tambores a un grupo de condenados, e infieles que, según el programa, "se arrepintieron de sus pecados hacia el final de sus vidas, por lo que tienen que esperar en el purgatorio, que pasen tantos años como esperaron para arrepentirse". Es hermoso ver que la luz surge de puntos oscuros que se mueven y me tomó un buen rato darme cuenta que eran personas cargando lámparas las que iluminaban el Purgatorio de Dante. Hablando en coro, sin individualidad aparente, los grupos coreografiaban cambios que invitan a imaginar cosas.
Por supuesto, al terminar la obra, y por momentos también mientras la mirábamos, Jasón y Alanis discutieron. O mejor dicho, Jasón trata intempestivamente de imponerse a Alanis, que, como un junco, se dobla, cediendo sin quebrarse, pero nunca le da la razón a Jasón, que incluso llega a euforizarse y elevarse el tono de sus susurros hasta el punto de una amenaza suspendida en oscuridad cubierta.
De todas maneras, es comprensible que exista esta diferencia de criterios entre Alanis y Jasón. De hecho, a pesar de lo ingenua que me parece por momentos, Alanis puede ser mucho más acertada que yo en sus observaciones. Por supuesto, no siempre Alanis hace observaciones, ni siempre son acertadas. Pero cuando las hace, ¡ah!, cuando las hace. Por ejemplo, lo primero que notó de Vitriol fueron las actuaciones de los jóvenes y las jóvenes, y de los mayores y los jóvenes.
"Qué lindos que son, qué simpáticos". Puede parecer un comentario naif, pero el contexto en que lo dijo clarifica un poco la intención de sus palabras dulces. En compañías de actores mixtas y con edades variadas, es hermoso ver la diversidad de criterios para encarar el trabajo teatral, a pesar de los esfuerzos siempre abrumadores de la dirección para unificar la estética de la puesta. Y es inverosímil constatar las diferencias de relajación entre las actrices y los actores; y entre los actores y las actrices jóvenes, y los actores más adultos. Es como ver ejemplos claros de lo que tal vez se debería buscar y lo que no hay que buscar. Relajación, proyección, claridad. Incluso, es extraño notar la contradictoria solemnidad con la que los más jóvenes parecen encarar su vida sobre el escenario. ¿Por qué pasa esto? "Tu amiga me seduce". Claramente, la amiga a la que fui a ver, junto con uno o dos actores más del reparto, ya fueron suficientemente golpeados en contra de la solemnidad, y se encargan de ser duros en contra de éso. Sobre todo ella, que se muestra viva, clara, comprensible, sensual. Y Alanis no tiene miedo en asumir temerariamente su atracción hacia ella. Tal vez, después de la función, las presente. No creo.
"¡Cuánta pasión! Me gustaría leer este librito...". Ok, no sé cómo traducir esto. Jasón me ayuda diciéndome que no tenga miedo, que nadie va a leer lo que escriba. Alanis, con toda su aparente bondad, está destruyendo mi idea de la pasión teatral. No creo que le disgusten tanto los actores encarnando apasionadamente su papel, sino los actores que se olvidan de que están actuando, y dejan de decir lo que tenían que decir. O al menos, no lo dicen claramente. O al menos, no con la boca totalmente abierta. Por eso tiene ganas de leer el librito, porque no entendió lo que decían, tal vez para conocer los textos.
"Linda la torresita". Terrible, Alanis, terrible. No sé qué haría sin la interpretación de Jasón de los dichos de Alanis. Esa torre de metal, ruidosa, gigante, enclenque, que nombraba antes, que se encuentra al fondo de la escena, en el medio, se nota por momentos inútil, por momentos sosa. Es impresionante, concede Gastón. Pero no siempre está aprovechada y, por otra parte, se muestra difícil de ser aprovechada totalmente durante todo el transcurso de la obra. Para Jasón, incluso, no significa ni devela nada. Está ofendido con esa presencia presuntuosa y pretenciosa.
![]() |
| BEATRIZ ESPERA |
"Está bueno, eso, che" Y señalamos una luz que se proyecta desde el piso de arriba hacia el escenario, como si fuera un pequeño haz de luz de esperanza en medio de la oscuridad de quienes decidieron arrepentirse al borde del precipicio. Y después, proyecciones, bien modernas(tal vez, no tan cuidadas como algo más tradicional hubiera querido), con fuego sobre el Poeta, que se acerca a la salida, y el arrojarse, y no tener miedo.
"Tengo miedo..." Alanis es bastante lacónica, como se puede notar. Y a pesar de todo, está impresionada, de la mejor manera posible, el espectáculo la tiene involucrada y no puede escaparse. Siente que lo que le pasa al Poeta, le pasa a ella(pobre ella, pobre el Poeta), y la entiendo.
La veo estremecerse cuando el poeta atraviesa el fuego. Me parece deseosa de encontrar luz, esa luz que juguetea escurriéndose, escabullendo.
La siento anhelando respirar aire más fresco, aire nuevo.
Y no es por estar en el sótano de un edificio húmedo...
Ella, se siente en el Purgatorio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario