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miércoles, 12 de octubre de 2011

Sobre las relaciones incómodas o la incomodidad selectiva

Noelia fue una persona especial. Fue raro cómo se dio todo entre nosotros. Teníamos no más de dieciséis años...o diecisiete. La quería tanto. Estaba tan loca. Y yo siempre fui un cretino. Lo sé. Tanto la quería que ni siquiera se me ocurre un nombre distinto al de ella para hablar de ella. No sé si fue amor. Antes de Noelia, mi amor era un sufrimiento terrible. Era martillarse un clavo en los genitales. Éso era el amor. Después de Noelia, tuve muchos años de amor igual a nada. Es que Noelia estaba loca, e histérica, pero tenía el corazón más grande que recuerdo. Noelia tenía labios dulces, suaves, y una sonrisa desmesurada. No tenía medida su sonrisa. Y al sonreír su cutis se estiraba tanto como un parche de tambor. Cuando relajaba la cara, cuando me contó sus secretos, sí, creo que la amé. No sé, no sé si fue amor. ¡Fue hace tanto tiempo! 
Noelia reía tontamente, y hacía chistes malísimos. Se reía desmesuradamente de sus terribles chistes. Amaba los perros, los animales chiquitos, y podía hasta ser cruel por amor. Nos quisimos en primavera, nos sentamos solos frente a una televisión, abrazados. Yo siempre fui un cretino. Caminamos pícaros junto a Alina y Sabina, un día, y escribimos nuestros nombres en una pared irreverente del barrio de la escuela a la que íbamos. 
Éramos amigos. Sí, recuerdo que éramos amigos y nos odiábamos. Noelia me hablaba de sus amores de la ciudad Mercedes. ¿Por qué tenía amigos en Mercedes? Parecía tonta, pero sus palabras enmudecían mis estupideces. ¡No he sido otra cosa más que un cretino! Sólo desearía volver a dar dos pasos. Uno tras otro, sólo dos, sabiendo lo que sé ahora.
Pero el tiempo no regresa, no regresan las sonrisas tontas.
Y vuelvo a esperar que me cuente sus secretos, sentarme a mirar la tele.
Pero no sé, no llamé... Quizás podría haber llamado. Nunca me voy a enterar de ese camino que no recorrí.
Me pregunto, siempre me pregunto: ¿qué me hace feliz? ¿Qué nos hace felices? La vida no es más que un lugar incómodo por el que tenemos que pasar. La vida mía, la sonrisa de Noelia, no son otra cosa que un ruido en la armonía universal.
Es que siempre hay cosas que me obsesionan, lo sé. El pan que cocinaba mi... El pan que mi papá ya no cocina. Y el teatro, y la música, y el silencio, y el amor.
Y Noelia. No sé bien por qué, pero ella también.