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lunes, 8 de octubre de 2012

Carta a una tía en Toledo.


Can you speak
to yourself
while talking
with someone else?
We will need
not to think
for time
for us will pick.
But be not unfair
you should not compare 
iron's good will
to love's cut thread.

Ha pasado poco más de un año desde la última vez que...bueno, que el corazón habló después de llenarse de adrenalina con palabras que atropellaban el aire por salir.
Y puede parecer mucho, o poco, un año. De hecho, es intrascendente esa percepción cuantitativa del transcurso del tiempo. Lo importante, estoy seguro, es el cómo: ya no es la primavera lo que era hace un año.
Podría contarles de Jasón, que está triste, pero no. Les voy a contar de Pancito. Pancito también está triste.
Quizás pueda parecer tonto, lo que me dijo mi hermana hoy, que había leído quién sabe en qué página de Internet: cuando uno no logra llorar, se resfría, o le agarran alergias. Qué loco, ¿no? Tengo alergias desde que iba al jardín de infantes...
Pero las alergias que me agarraron este viernes son otras, y lo que parezca o no parezca me resulta indiferente. No puede ser tristeza. No, estoy contento, porque sufro lo mismo que Jasón en Carta a un primo . Claro, más que la Madre patria, es la Patria ladrona. Ladrona de afectos.
Mery(sí, voy a usar este nombre para referirme a ella) es talentosa, hermosa, dulce, un poco narigona, de cuerpo estilizado con un pincel y hombros cargados por el trabajo. Las manos chicas y juguetonas, los ojos tristes sempiternos, los rulos rubios como de cuento de hadas. Un todo bastante extraño, si sumamos la boca pequeña como un pico, la sonrisa amplia y los ojos celestes.
Extraño, también, querernos tanto, quizás, teniendo en cuenta lo funesto de nuestro destino. Miles y miles de kilómetros asumidos desde un principio como inevitables, como la trampa que se conoce y se desea no sea.
Pero fue, y, además, fue bien, idea de bien, bien perfecto. Incuestionable. Cuando en otras épocas, cuando era más joven, Jasón flirteó con el prohibido dulce, negro y mármol, de una niña luminosa, sufrió la decisión indeclinable de la muchacha, que al momento de optar, no había optado por él. Y me dijo: “Nada hay más doloroso que el amor irreprochable, que se alza impenetrable, fortaleza a la que no hay manera de hacer sucumbir. Donde hay reproche, hay fisura, hay resquicio por el cual colar un tierno consuelo, un suspiro que permita descansar el cuerpo fatigado del amante no correspondido. Donde hay duda, donde la seguridad no es toda, los rescoldos arden como hogueras.”
No estoy seguro de que sus palabras hayan sido EXACTAMENTE ésas, quizás mi tristeza las mejora, como el chocolate deprimido en noche de ansiedad.
Pero la despedida inevitable va a llegar. Tantas lágrimas que se me transformaron en mocos, tantos silencios que hablaron por mí. Tanta cosa dicha que no era otra cosa que relleno. Y al final, el viento nos dejó las palabras, y se llevó todo lo demás. No es cuestionable el qué, sino el cuándo.
Pero no es poca cosa el cuándo, que en la vida, no tenemos otra cosa más que el tiempo. Dejaré que se me mojen los labios durante un tiempo, y soportaré la vista nublada, y me dolerán la sonrisa de mentir y los dedos de extrañar. Pero el tiempo es tirano, y decide. Aunque nosotros no decidamos.