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miércoles, 27 de abril de 2011

Pan con pan

J: ¿Qué te gusta más, la música o el teatro?
A: ¿Cuál es la diferencia?

Sin tratar de definirlo en breves palabras, ni en extensas, dado el caso de que sea imposible definirlo, diría que lo teatral en cualquier situación es su cualidad de encuentro, de cruce. Su cualidad de intersección coincide con la definición que se hace del teatro como situación artística(si tomamos la definición más tradicional del arte como medio, como algo con cierto nivel de realidad). Tomando como base éstas afirmaciones tan generales, cualquier evento que se desarrolle como un evento en presente tiene algo de teatral, y por lo tanto, algo de artístico. Siendo así, llegamos al punto de concebir la idea de la vida como situación de arte. Absurdo, ¿no?
Tuve la suerte de enterarme de una obra de teatro llamada Julieta y Julieta. No tiene nada de interesante ese nombre, a menos que se agregue el nombre de Shakspeare a la ecuación. Es decir, si se añade la perspectiva de que esa Julieta, es "la" Julieta. Pero, ¿y la otra Julieta? Bueno, es "la" Julieta. No, no, de ésa Julieta ya hablamos. Claro, de la otra Julieta te preguntaba. Es "la" Julieta. Pero, entonces, ¿son "Las Julietas"? No, esa es otra obra. Son Julieta y Julieta. Ok, perdón, a veces pierdo el hilo de las conversaciones.
La obra, según la propia directora, es una adaptación a un ambiente skater de la obra del autor Inglés, con el añadido de que el amor trágico no se da entre un Romeo y una Julieta, sino entre dos Julietas, las cuales tienen sendos grupos de pertenencia en rivalidad definida.
La idea suena interesante, y de hecho, debo admitirlo, tuve que rogar en la boletería me vendieran entradas, ya que la función estaba llena. Sin entender por qué, lo volví a invitar a Jasón, mi buen amigo, ése que tanto parece que detestara(aunque lo quiero, en el fondo, muy en el fondo, lo quiero), pero lo increíble,  fue que me dijo que no tenía ganas de ir. Y me dio un papelito. "¿Qué es esto?", le pregunté. "Una lista de problemas que una adaptación así, nunca va a poder solucionar".
Transcribo a continuación la lista:
1. ¿Por qué dos mujeres? Jasón me dijo que no explicara lo que quiso decir con ésto. Pero me pareció graciosa la explicación que me dio. Fue escueto al principio, y me dijo: "¿Por qué no dos hombres?" Es lógico. "La sociedad siente como algo mucho menos marginal una relación amorosa entre dos mujeres que entre dos hombres". Por supuesto, no quise entrar en la definición de qué  es una relación amorosa, teniendo además el estereotipo de Romeo y Julieta por detrás de nuestra conversación, pero es curioso notar que incluso el nombre "Romeo y Romeo" hubiera sido quizás más evocativo del trabajo de Sheakspeare, siendo, como es, un nombre más fuera de lo cotidiano en el inconsciente colectivo, que el de Julieta. Puede ser verdad que el choque producido por una relación entre dos Julietas sea menor que el producido entre dos Romeos. Será que la sensibilidad femenina a la que siempre llamo da otros permisos a las mujeres que los que los hombres(en su concepción de sentido más tradicional) tienen. Por supuesto, toda obra refleja en mayor o menor medida el espíritu de quien la emprende, y todo termina, en última instancia, siendo una decisión, más o menos arbitraria.
2. Elección o aceptación del grupo de pertenencia.
3. Rechazo del grupo de pertenencia.
4. Relación entre el deber y el querer.
Romeo no decide ser un Montesco, no lo elige entre las opciones que le son dadas, aunque tampoco lo rechaza en un principio(y después se hace claro que rechazarlo es una cuestión de importancia para él). No se supone a priori de ninguna manera el hecho posible de que un grupo de pertenencia elegido tenga la fuerza de una familia impuesta por el destino. Romeo no elige ser un Montesco, así como Julieta no elige ser Capuleto. Es el destino el que los pone en veredas opuestas. Y el sentido del deber de ambos es fuerte. Si no fuera así, el amor que los lleva a romper con todo ese deber no tendría ni una cuarta parte del poder que tiene. Para romper un hilo delgado, se necesita mucha menos fuerza que para cortar una gruesa soga.
Lo mismo, en relación a las muertes producidas por ambas familias en medio de la historia de amor. No son sicóticos asesinos que necesitan estar asesinando gente todo el tiempo. El sentido del honor y del deber los conduce a la irracionalidad de tener que aceptar como un orgullo haber cometido delitos que les producen dolor y pesar.
Es en ésa relación entre deber y querer, entre destino y albedrío, que la relación de Romeo y Julieta tiene sentido. De ésa manera, le es arrancada a Romeo la frase "Ni uno ni otro, hermosa doncella, si los dos te desagradan", al pie del balcón, cuando Julieta le pregunta si es "Romeo y Montesco". Es en ese marco donde se hacen interesantes los encuentros entre los bandos, según Jasón.
5. Símbolo de la autoridad.
Es difícil representar el sentido de deidad que inspira el príncipe de Verona. Es casi imposible entenderlo como una fuerza casi capaz de enfrentarse a las fuerzas del Cosmos, y lo que eso representa dentro del drama.
Llegando a éste punto, dejé la lista que Jasón me había dado. Me pareció que merecía un estudio largo y detallado. Jasón entendió mi punto de vista, y me deseó una feliz función. Por teléfono, me pareció sentir un dejo de ironía en su voz.
Viendo la puesta, pude descubrir que lo que Jasón decía tenía en parte razón. Por supuesto, siempre de un modo discutible. Me llamó la atención descubrir la claridad con que la puesta parecía hacer propuestas de diálogo. La problemática homosexual es casi nula en la puesta(lo que me parece bien y mal, siendo, como es, algo que no debería existir o al menos, que tiene una existencia ridícula e irracional, como toda xenofobia, pero tan concreta como el día y la noche). De todas maneras, lo que más sobresale como relieve alterado frente a la llanura de lo cotidiano es la claridad con la que se producía una conexión entre el público y la obra.
Algo tan sencillo como una emisión clara de la verbalidad y actuaciones discretas, no necesariamente arrancadas desde una pasionalidad desenfrenada y amorfa, logran encontrar un eco en el espectador.
Es ese encuentro tan sencillo, que no tiene pretensiones de emocionar hasta el hartazgo a través del despliegue de una pasión tensa y áspera, el que logra en el final(que está cambiado, y no respeta la fuerza del original, lo que es un atrevimiento refrescante) arrancarme un lagrimón, y una comprensión de cosas que no entendía, y que realmente no puedo poner en palabras. Lo juro.
Es loco, eso de no tener palabras, con todas las que pensé que me sobraban.
Ave, William.

miércoles, 20 de abril de 2011

Purgantes: una vil... crítica

I find television very educating. Every time somebody turns on the set, I go into the other room and read a book.
Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien enciende el aparato, me voy a la otra habitación y leo un libro.

Así como descartar ideas que no son geniales es muestra de genialidad, reconocer el propio límite es muestra de maestría. Reconocer la prueba de que lo que estamos haciendo es algo que no deberíamos estar haciendo. Ver que lo que estamos haciendo está en nuestro máximo. Percibir el crecimiento posible depende también de descubrir lo que se sabe sobre uno, es decir, de reconocer las propias capacidades, de exigir esas capacidades hasta el punto de notar que hay que ejercitar un músculo que se descubre dormido.
No entiendo todavía por qué sigo yendo al teatro con Jasón. De hecho, no puedo comprender en absoluto por qué sigo hablando con un ser tan desagradable. Termino de escribir las publicaciones del blog y me vuelve a llamar, solamente para criticar lo mal que están, lo pobres y poco imaginativos que son los artículos. Tal vez me guste su sinceridad, su falta de escrúpulos y su arrogancia. Definitivamente, no merece mi respeto artístico ni me resulta meritorio lo que escribe o piensa. Disfruto, eso sí, el hecho de poder criticarlo tan libremente y que lea lo que sobre él escribo con tanta frialdad, pudiendo separarlo de la forma, y que me haga devoluciones tan útiles. De hecho, descubro que no tiene casi resentimientos sobre lo que pienso de él.
En este caso, me invitaron a ver una obra de un grupo independiente y lo invité a Jasón, y también invité a una dulce amiga a quien llamo Alanis, porque ése es su nombre, claro.
Las discusiones entre Alanis, Jasón y yo suelen tener caminos llenos de ambigüedades, curvas cerradas, precipicios en que los tres caminamos apretados tratando de no caernos; pero nunca nuestros senderos son el mismo. Suele sucedernos que discutimos(en realidad, más Jasón y yo, Alanis no logra encenderse violentamente) y no llegamos a otra cosa más que una encrucijada nueva, pero no por eso nos desalentamos, ni dejamos de sacudirnos el polvo de la costumbre unos a otros. En general, tratamos de profundizar hasta el cansancio en toda pavada que surja como diferencia entre nosotros(excepto Alanis, que suele hacer ejercicios de relajación en medio de una conversación si se puso muy teórica), pero no nos dejamos llevar por discusiones semánticas, y si las palabras significan cosas distintas para nosotros, no continuamos hablando. Jasón es extremadamente estricto con esta determinación.
De todas nuestras charlas, salgo iluminado, y espero que ellos también. Habiendo ido a ver esta obra tan rara, descubrimos que aún de esa obra podíamos aprender cosas. Y no estoy apelando, como Jasón, al dicho: "Nadie es un completo inútil, al menos sirve de mal ejemplo". Me refiero al hecho de comprender lo que se hace y lo que se deja de hacer o se elige no hacer. Desde mi punto de vista, es pobre la postura de Jasón de echar la culpa a la incapacidad. Alanis se lo reprocha constantemente, y le insiste que el espectáculo teatral no puede ser otra cosa que placer, sin importar las cuestiones técnicas y lingüísticas que llevan a confusión y/o a dispersión de la atención.
Al entrar, después de haber esperado en un salón acogedor, lleno de fotos, y donde hasta se nos invitó a tomar un vaso de vino, penetramos por un espacio oscuro, donde había olor a humo "de cotillón"(esto me lo dijo Jasón, yo simplemente  noté un aroma fuerte y extraño), y un haz de luz descendiendo desde arriba hasta el piso. Dos pisos de sillas puestos alrededor de un balcón que semejaba las barandas del patio interno de un palacio rodeaban ese pseudo patio, donde en el centro, hacia el fondo, se podía notar una gran mole de algo. Esperamos unos minutos a que se acomodara la gente, muy apresuradamente. Entonces, en medio de la oscuridad, con ese olor extraño alcanzándonos, y sin otra cosa más que nervios y ansiedad, vimos entrar al compás de fuertes tambores a un grupo de condenados, e infieles que, según el programa, "se arrepintieron de sus pecados hacia el final de sus vidas, por lo que tienen que esperar en el purgatorio, que pasen tantos años como esperaron para arrepentirse". Es hermoso ver que la luz surge de puntos oscuros que se mueven y me tomó un buen rato darme cuenta que eran personas cargando lámparas las que iluminaban el Purgatorio de Dante. Hablando en coro, sin individualidad aparente, los grupos coreografiaban cambios que invitan a imaginar cosas.
Por supuesto, al terminar la obra, y por momentos también mientras la mirábamos, Jasón y Alanis discutieron. O mejor dicho, Jasón trata intempestivamente de imponerse a Alanis, que, como un junco, se dobla, cediendo sin quebrarse, pero nunca le da la razón a Jasón, que incluso llega a euforizarse y elevarse el tono de sus susurros hasta el punto de una amenaza suspendida en oscuridad cubierta.
De todas maneras, es comprensible que exista esta diferencia de criterios entre Alanis y Jasón. De hecho, a pesar de lo ingenua que me parece por momentos, Alanis puede ser mucho más acertada que yo en sus observaciones. Por supuesto, no siempre Alanis hace observaciones, ni siempre son acertadas. Pero cuando las hace, ¡ah!, cuando las hace. Por ejemplo, lo primero que notó de Vitriol fueron las actuaciones de los jóvenes y las jóvenes, y de los mayores y los jóvenes.
"Qué lindos que son, qué simpáticos". Puede parecer un comentario naif, pero el contexto en que lo dijo clarifica un poco la intención de sus palabras dulces. En compañías de actores mixtas y con edades variadas, es hermoso ver la diversidad de criterios para encarar el trabajo teatral, a pesar de los esfuerzos siempre abrumadores de la dirección para unificar la estética de la puesta. Y es inverosímil constatar las diferencias de relajación entre las actrices y los actores; y entre los actores y las actrices jóvenes, y los actores más adultos. Es como ver ejemplos claros de lo que tal vez se debería buscar y lo que no hay que buscar. Relajación, proyección, claridad. Incluso, es extraño notar la contradictoria solemnidad con la que los más jóvenes parecen encarar su vida sobre el escenario. ¿Por qué pasa esto? "Tu amiga me seduce". Claramente, la amiga a la que fui a ver, junto con uno o dos actores más del reparto, ya fueron suficientemente golpeados en contra de la solemnidad, y se encargan de ser duros en contra de éso. Sobre todo ella, que se muestra viva, clara, comprensible, sensual. Y Alanis no tiene miedo en asumir temerariamente su atracción hacia ella. Tal vez, después de la función, las presente. No creo.
"¡Cuánta pasión! Me gustaría leer este librito...". Ok, no sé cómo traducir esto. Jasón me ayuda diciéndome que no tenga miedo, que nadie va a leer lo que escriba. Alanis, con toda su aparente bondad, está destruyendo mi idea de la pasión teatral. No creo que le disgusten tanto los actores encarnando apasionadamente su papel, sino los actores que se olvidan de que están actuando, y dejan de decir lo que tenían que decir. O al menos, no lo dicen claramente. O al menos, no con la boca totalmente abierta. Por eso tiene ganas de leer el librito, porque no entendió lo que decían, tal vez para conocer los textos.
"Linda la torresita". Terrible, Alanis, terrible. No sé qué haría sin la interpretación de Jasón de los dichos de Alanis. Esa torre de metal, ruidosa, gigante, enclenque, que nombraba antes, que se encuentra al fondo de la escena, en el medio, se nota por momentos inútil, por momentos sosa. Es impresionante, concede Gastón. Pero no siempre está aprovechada y, por otra parte, se muestra difícil de ser aprovechada totalmente durante todo el transcurso de la obra. Para Jasón, incluso, no significa ni devela nada. Está ofendido con esa presencia presuntuosa y pretenciosa.
BEATRIZ ESPERA
"Qué raro, todo, ¿no?" Jasón desencripta este mensaje diciendo que se refiere a la apuesta de la puesta. Claro, con la torre ahí, las linternas, el humo, las proyecciones, la ubicación de las sillas; pensábamos que nos iban a mojar o a tirarnos Vitriol, sólo por divertirse y transformarnos en parte de la puesta. Pero no, pero nada de eso. "Resulta ser que los muchachos decidieron que iban a actuar igual que si estuvieran en el Teatro Cervantes", se indigna Jasón. Tal vez querían actuar ahí. ¿Quién sabe?
"Está bueno, eso, che" Y señalamos una luz que se proyecta desde el piso de arriba hacia el escenario, como si fuera un pequeño haz de luz de esperanza en medio de la oscuridad de quienes decidieron arrepentirse al borde del precipicio. Y después, proyecciones, bien modernas(tal vez, no tan cuidadas como algo más tradicional hubiera querido), con fuego sobre el Poeta, que se acerca a la salida, y el arrojarse, y no tener miedo.
"Tengo miedo..." Alanis es bastante lacónica, como se puede notar. Y a pesar de todo, está impresionada, de la mejor manera posible, el espectáculo la tiene involucrada y no puede escaparse. Siente que lo que le pasa al Poeta, le pasa a ella(pobre ella, pobre el Poeta), y la entiendo.
La veo estremecerse cuando el poeta atraviesa el fuego. Me parece deseosa de encontrar luz, esa luz que juguetea escurriéndose, escabullendo. 
La siento anhelando respirar aire más fresco, aire nuevo. 
Y no es por estar en el sótano de un edificio húmedo... 
Ella, se siente en el Purgatorio.

miércoles, 13 de abril de 2011

Contemporánea II: Disculpas y Jasón van a la Ópera


Hay algo de loco en Disculpas, ella quiere que la tratemos bien, pero no solamente bien. Es evidente que quiere más atención. Es claro que no quiere pasar desapercibida.
No es como otras plantas. Es una planta cholula. Obviamente no es la única. Debe haber bastantes plantas en la televisión. Muuuuuuchas, me imagino. Pero, ¿Cuántas se mueren por estar en la tele? ¿Cuántas se mueren si no están en la tele? Bien, ella necesitó vivir en la tele para no caducar, fenecer, y desaparecer entre el abono del olvido.
Tuve que dársela a Jasón, pero bien, ya saben, es complicado viajar, vivir lejos, no tener dónde quedarse cerca de los ámbitos donde uno se mueve. Es difícil viajar en el Sarmiento con Disculpas, sin que Disculpas se lastime, salga herida, o se ofenda, siendo cholula como es.
Entonces, busqué a Disculpas, y la tuve conmigo. Pero resulta que teníamos Jasón y yo un compromiso incancelable, un encuentro con la muerte. Es decir, con UNA muerte. Con una muerte anticipada, con una muerte cuyas crónicas en los diarios tuvieron mucho de previa discusión. Y en fin, coordinamos que la entrega de la posta disculpada sería en ese encuentro ineludible con una muerte agonizante.
En fin, me metí, viernes por la noche, en el templo gigante del Teatro Colón. Insospechado, increíble, pese a todo, sigue siendo lo que es. ¿Y qué es? No lo sé. Ante todo es, diría un filósofo, tal vez. Puedo describir lo que parece(o como parece ser) sin llegar por eso a capturar su esencia(si acepto, cosa no resuelta aún, que tiene esencia) y poder plasmarla en un tejido palabrero. Puedo decir que es fastuoso, y que entrar en esos pasillos amarillentos, ocres, brillantes y cálidos, de mármol frío y duro, pero gomoso y simpático, hace que me sienta cada vez menos amenazado. Puedo aún decir que se siente el envejecimiento, que ya el color de las paredes acusa recibo de haber sido herida el alma del teatro. Se siente dolor en el edificio. Y que subir por las escaleras 4 pisos con Disculpas en su maceta, no fue tan difícil como esperaba.
Y luego, la ópera, que no era otra cosa que el fin de los días. O UN fin de los días, si somos precisos. Sobre el telón del escenario, una calavera color verde o roja, mal lo recuerdo, vibraba iluminada. No recuerdo bien cómo, la gente se apelotonó y acomodó caóticamente, quedaron asientos vacíos, yo también me alteré y busqué rápidamente donde sentarme para ver tal vez un poquito mejor el escenario, cambiando bruscamente de un asiento a otro, por lo menos unas dos o tres veces, siempre tratando de ir lo más al centro posible. Por supuesto, mi amiga Disculpas no me hacía todo esto más fácil, interrumpiéndome de a ratos con sus hojas de color brasilero brillantes. La gente, por supuesto, suele ignorar todas estas cosas adrede, para hacerlo sentir a uno mucho más fuera de lugar.
El primer acto tuvo sus momentos de gloria. La música comenzó extravagantemente, como era de esperarse, con bocinazos limpios, rítmicamente sincronizados en una perfecta barbarie. No recuerdo los nombres de los personajes, y debo decir que son más bien arquetípicos, por lo que voy a poder nombrarlos por el rol que cumplían. Por supuesto, aclararé que algunas de las descripciones están hechas en base a reglas mnemotécnicas muy específicas que me enseño mi querídisimo y odiabilísimo Jasón. El gordo panzón, que era cantado por un tenor, era un personaje bastante gracioso, al igual que los dos amantes musculados, despellejados, que entraban y salían haciendo eso: amándose. Nekrotzar, que ese nombre sí me lo acuerdo, porque no sé cómo describir su rol en la Ópera, era una presencia casi molesta, anodino por lo amenazante, pero estúpido por lo inofensivo. Cosas que el teatro no resuelve aún, supongo. Luego, la escena del matrimonio típico: el matrimonio fracasado. De las más hilarantes de la historia, pero luego se extendió un poco más allá de lo esperado, para terminar luego en un encuentro entre el esposo triunfante y Nekrotzar, acompañado de su sirviente rechonchón tenoril.
Entreacto, y lucha desesperada por reencontrar un lugar aún mejor para poder sentarme, y que Disculpas no moleste ya más. Logré sentarme casi en el centro de Cazuela, lugar que una mujer había decidido abandonar para reencontrarse con su familia perdida, hacia el lateral de la misma fila de asientos. De pie, supongo, estaba quejándose y tratando de dormir Jasón, quien recibió esta invitación prejuicioso y desganado.
Cosa extraña, no recuerdo bien cómo termina el primer acto, pero sí cómo comienza el segundo: con un par de personajes de dos colores: rojo y azul, con la entrada posterior de un personaje representado por una vocalidad extraña para nuestros días: un contratenor(gordito, también, como el tenor). En una fiesta de despliegue escénico y de energía inconmensurable, entra luego el jefe de la guardia secreta, una soprano evidentemente pequeña de tamaño, pero que salta y sube y baja por todo el escenario enorme de esta Muerte pretenciosa. En dado momento, resulta ser que se produce un pequeño silencio en la seguidilla interminable de agudos y jades de este personaje tan adorable, y se escucha una carcajada de un golpe entre el público. Un sólo ¡Ja! espasmódico, fuerte, claro y sonoro, casi como un vocalizo, cortado casi instantáneamente por más sonidos agudos y jadeos del jefe de la policía.
Por supuesto, este segundo acto, como culminación, tiende a lo espectacular, a lo festivo, a lo genialm lográndolo con escenas grupales, con imágenes fuertes, duras, muy chocantes y crudas, más una música que cumple con lo que promete: rareza, desajuste, desafío y otras tantas ambigüedades que luego precisaré.
Fin del actuar, y resulta que nos encontramos con Jasón afuera. Por supuesto, cholula ella, Disculpas quiere conocer al jefe de la policía secreta, y cuando me cruzo con Jasón, resulta que él busca lo mismo.
Buscamos la salida de los artistas. A Jasón lo saludan varias personas como si lo conocieran, como si él fuera alguien. Alguien. Esperamos, revisamos el programa(que Jasón no quiso pagar, por lo que está leyendo el mío) y encontramos un bello rostro de mujer con nombre de ópera, en donde se encuentra el personaje que buscamos. Jasón me comenta mientras esperamos lo mucho que le molesta no recordar siquiera una melodía de la ópera. Yo noto que la música no se me "pegó", no me dejó melodías memorables, pero no me obstaculizó en ningún momento disfrutar de la espectacularidad y la teatralidad de la Muerte. Pero no se lo digo, Jasón puede ser terco a veces.
Cuando al fin la vemos salir, Jasón queda estupefacto y por poco no se le cae Disculpas de las manos(error mío dársela con tanta antelación). "Era un ángel disfrazado", suspiró. Claramente, estaba exagerando. Digo, no tenía alas ni mucho menos...
Dos días después, Jasón fue a ver una tradicional puesta de una ópera romántica, donde un conde es secuestrado por una gitana, la cual había matado a su propio hijo, y "otras sonseras melodramáticas", en palabras del propio Jasón; donde uno o varios de los personajes son necesariamente cantores. La llevó a Disculpas. Dijo que yo la había malacostumbrado y que ya no quería quedarse sola mientras él salía al teatro. Pero no disfrutó tanto, a pesar de haberse ido cantando una o dos de las melodías más famosas de la ópera, la función tuvo una puesta poco ambiciosa, casi como un concierto con vestuario, por más ridículo que eso suene.
"Hacían lo que se les cantaba el culo, pensaban que yo estaba ahí para esperar que actuaran", dice Jasón.
Es exigente.

miércoles, 6 de abril de 2011

Amargos y la mujer monstruo

Ella entra en la habitación. Toma la pava. Se acerca a la canilla. Pone la pava bajo la canilla. Le quita la tapa a la pava. Abre la canilla. Deja correr el agua en el interior de la pava mientras le parece prudente. Cierra la canilla. Le pone la tapa a la pava. Retira la pava de debajo de la canilla. Camina, con la pava en la mano derecha, hasta la cocina. Apoya la pava sobre la rejilla que se se suspende sobre uno de los quemadores. Toma una caja de fósforos. La abre con mucho cuidado. Nota que está dada vuelta. La cierra bruscamente. La rota, para evitar la pérdida innecesaria de unidades ignitivas. La vuelve a abrir. Mete dos dedos dentro de la caja abierta. Saca dos dedos y un fósforo. Cierra la caja. Frota la cabeza pelirroja del fósforo contra la cinta parda en el lateral de la caja abierta. Acerca el fósforo al quemador escondido bajo la rejilla oprimida por la pava rellena de cristal líquido. Mira el frente de la cocina, buscando respuestas. Siente el calor de la cabellera pelirroja persiguiendo la piel de su dedo distraído. Gira velozmente la llave que abre la puerta al gas. Observa el gas inflamarse al contacto con la melena encendida. Sacude con cariño el fósforo tibio. Espera.
El tiempo pasa entre mate y mate. Ceba uno, lo toma casi indiferente. Ceba otro, aguarda, imita el tiempo que toma a otra persona tomar un mate. Vuelve a tomar. Vuelve a cebar. Ofrece el mate en distintas direcciones. Está triste. Sonríe. Conversa sobre temas tontos. Se preocupa por la sociedad, por lo vacuo del arte, por el sinsentido de la vida. La preocupa la inseguridad, se sonríe. Toma otro mate. Una lágrima suave corre por una de sus mejillas. Mira por la ventana del balcón luminoso. Sonríe, viendo techos y techos y más techos. Vuelve a cebar. Se para, da una vuelta sobre sus pies, se vuelve a sentar contenta, agarra un bizcochito y se lo come, disfrutando de su glotonería y viendo como Disculpas se regodea de la luz triste dorada que la acaricia ronroneando. Toma un mate. Se lamenta terriblemente de su sola soledad, de su triste compañía, de su lenta majestad. Ceba un mate. Lo ofrece. Se agradece. Se lamenta de su torpe andar, de su falta de carisma, de su exceso de simpatía. Mira el reloj, recuerda,se sobresalta.
Abra la puerta. Sale. Cierra la puerta.
Toma un mate.
Da las gracias.