
Ella entra en la habitación. Toma la pava. Se acerca a la canilla. Pone la pava bajo la canilla. Le quita la tapa a la pava. Abre la canilla. Deja correr el agua en el interior de la pava mientras le parece prudente. Cierra la canilla. Le pone la tapa a la pava. Retira la pava de debajo de la canilla. Camina, con la pava en la mano derecha, hasta la cocina. Apoya la pava sobre la rejilla que se se suspende sobre uno de los quemadores. Toma una caja de fósforos. La abre con mucho cuidado. Nota que está dada vuelta. La cierra bruscamente. La rota, para evitar la pérdida innecesaria de unidades ignitivas. La vuelve a abrir. Mete dos dedos dentro de la caja abierta. Saca dos dedos y un fósforo. Cierra la caja. Frota la cabeza pelirroja del fósforo contra la cinta parda en el lateral de la caja abierta. Acerca el fósforo al quemador escondido bajo la rejilla oprimida por la pava rellena de cristal líquido. Mira el frente de la cocina, buscando respuestas. Siente el calor de la cabellera pelirroja persiguiendo la piel de su dedo distraído. Gira velozmente la llave que abre la puerta al gas. Observa el gas inflamarse al contacto con la melena encendida. Sacude con cariño el fósforo tibio. Espera.
El tiempo pasa entre mate y mate. Ceba uno, lo toma casi indiferente. Ceba otro, aguarda, imita el tiempo que toma a otra persona tomar un mate. Vuelve a tomar. Vuelve a cebar. Ofrece el mate en distintas direcciones. Está triste. Sonríe. Conversa sobre temas tontos. Se preocupa por la sociedad, por lo vacuo del arte, por el sinsentido de la vida. La preocupa la inseguridad, se sonríe. Toma otro mate. Una lágrima suave corre por una de sus mejillas. Mira por la ventana del balcón luminoso. Sonríe, viendo techos y techos y más techos. Vuelve a cebar. Se para, da una vuelta sobre sus pies, se vuelve a sentar contenta, agarra un bizcochito y se lo come, disfrutando de su glotonería y viendo como Disculpas se regodea de la luz triste dorada que la acaricia ronroneando. Toma un mate. Se lamenta terriblemente de su sola soledad, de su triste compañía, de su lenta majestad. Ceba un mate. Lo ofrece. Se agradece. Se lamenta de su torpe andar, de su falta de carisma, de su exceso de simpatía. Mira el reloj, recuerda,se sobresalta.

Abra la puerta. Sale. Cierra la puerta.
Toma un mate.
Da las gracias.
Muy perfeccionista. Nada minimalista y con tantos detalles como yo recuerde. Ingenioso.
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