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miércoles, 29 de junio de 2011

La memoria, la imaginación.

Ut nihil non iisdem verbis redderetur auditum
Y entonces, nada que haya sido oído puede ser vuelto a contar con las mismas palabras

Con Jasón jugamos un juego. Alanis puede sumarse, pero no es aficionada a mentir. El juego es, en verdad, bastante sencillo. Recordar, y contar.
Para un actor, un poeta, un músico, un pintor, no es extraño recordar, forzarse a recordar. La memoria está en carne viva, muriendo a cada instante, para volver a nacer al instante subsecuente. Un señor francés, llamado Eric, propuso trabajar con esto conscientemente. Propuso esforzar al máximo la intención de recordar, liberando la posibilidad de que efectivamente los detalles serán una creación resolutiva de un intelecto pragmático. Alanis tenía tiempo libre, y decidió llevar adelante ese viaje, así que participó del taller de este francesito.
Alanis es lúcida, transparente, directa, cándida y voraz. Volvimos a probar el juego de la memoria frente a ella. Casi se ofende cuando nuestros relatos carecen de detalles. Pero cuanto más nos esforzamos por detallar, más distante está el relato de una realidad objetiva. El color de la ropa de las personas que estaban con nosotros, la temperatura del aire frío de esa noche, el roce de una campera contra una mejilla. Parece mentira cómo nos ponemos vívidos con cosas que quizás no hayamos vivido.
Jasón se pone escéptico, intenta ponerse sobrio. No soporta que Alanis lo corrija. La desprecia, la oye despectivamente hablar, la subestima con sus respuestas. Vuelve a comenzar, con un nuevo recuerdo. No podemos nunca contar dos veces el mismo recuerdo. Perdería lo espontáneo de la primera vez que se relata. De hecho, Alanis nos cuenta, que para Eric, una vez que se puso en palabras, un recuerdo queda atado a esas palabras, queda unido, por aproximación u oposición.
Claro, el recuerdo es algo que se hace tan posible, es la vivificación de algo que se creía ido. Es el abrazo al oso de peluche sin culpa, es la caída de la bici sin dolor,es el primer diente que, al caer, sólo produce sonrisa, es la pelea que sólo deja crecimiento. El recuerdo es la impunidad de lo que queda, sin lo que se sufre. Es el sabor de un beso, sin la sal de la despedida. Es una mentira sincera, es aceptar lo que queremos creer, absoluta y descaradamente.
¿Cómo fue la primera vez que amasé un pancito? Tuve que pelear con alguien, robar ese derecho, para pasar años después disfrutando un logro ajeno.
Alanis sonríe, como un sol, sus ojos oscuros sacando brillo de su largo pelo ceniza ondulado. Puede verse en el temblor de sus labios un recuerdo, como un plumón en el agua.

miércoles, 22 de junio de 2011

Temática pendiente

La soledad. El discurso construye realidad. Nos sucede que alguien encuentra la frase apropiada para describir una situación, un evento, una interioridad(no necesariamente un sentimiento, que la interioridad no permite esa categorización tan estricta), un cruce de fuerzas, una oblicuidad de puntos de vista. Decir la soledad, ser la soledad, sufrir la soledad, disfrutar la soledad.
El amor. El odio. Las diferencias entre el amor y el odio. ¿Hay diferencias entre el amor y el odio? La soledad de los que se aman. El amor de los que están solos. La soledad de los que se odian. El cielo. La Luna. La soledad de la Luna. El odio de los que aman la Luna.
La interioridad. El discurso del amor. El transcurso inevitable del tiempo. El tiempo inevitable de los hechos. La política. El tiempo. El interior del amor. El interior de la Luna. La soledad de la Luna. La repetición. ¿Es posible alguna repetición?
La pregunta. La respuesta. La pregunta: el amor. La respuesta: la soledad. La pregunta: el odio. La respuesta: la repetición.
La vida. La muerte. La soledad de la vida. La soledad de la muerte. El amor a la vida, el amor a la muerte. El interior de la vida, el interior de la muerte. Las preguntas: la Vida. La respuesta: la Muerte.
El juego, la mentira, el amor, el odio. La soledad. Otra vez, repetición.
El juego de las mentiras, el amor a la soledad. El juego de la Luna. Las preguntas del Cielo. El absurdo de sentir. Mentir, jugar, volver a mentir. Repetir. ¿Existe acaso alguna repetición?
El acaso, el azar, lo absoluto, lo perenne, lo inerme, lo que no vive, lo que no muere. Lo que no juega. ¡El juego! Repetir. El amor a la repetición. El odio a la repetición. ¿Existe alguna diferencia entre el odio y el amor?
El tiempo de las repeticiones. Las repeticiones del amor. Las repeticiones del odio. El sudor. El amor sudoroso. El odio sudado. Las sudaderas. Los sobacos. Los ¡ohmiDios! sobacos sudados. El amor a los sobacos. El beso en el sobaco, la clara impresión de que un sobaco sólo puede ser amado si está sumamente sudado.
El olor, el perfume, el aroma, el tufo, el vaho, el vapor. Como sacar un cuello de una nariz, como sacar una nariz de una cara. Y el perfecto sistema decimal de las orejas que tiemblan con cosquillas. La repetición. Más cosquillas. Muchas más cosquillas. El amor a las cosquillas. El odio a las cosquillas.¿Hay alguna diferencia? El cuello sensible, el cuello blando, que se quiere dejar comer.
Lo que falta. Jasón. Alanis. Los te quiero que se sufren. Los gracias que se lloran. La gracia. Cual será tu gracia. Las repeticiones. Jasón, Alanis, y la soledad. El amor a Jasón, el amor a Alanis. El amor a la soledad. Las repeticiones.
El pan, los agnolottis, los ñoquis. El amor a las pastas. Las pastas antes del amor. El amor entre sábanas, las sábanas arrancadas. Las palabras que no alcanzan. Las lágrimas que hablan por las palabras. El abrazo tierno. El abrazo frío. ¿Existe alguna diferencia?
Las bolas de frailes, los suspiros de monja. El vigilante. La vigilia. La noche en vela. El deseo. El amor.¿Existe alguna diferencia? El deseo de amor. El deseo de soledad. La soledad del deseo. Las repeticiones.
Y nada, la nada. El deseo de nada. El amor a la nada. Las nadas del amor, las nadas del deseo. La nada de la soledad. Y el pan. El amor del pan. El odio del pan. La nada del pan. Que no es nada. Nunca es nada.

miércoles, 15 de junio de 2011

Sobre la espectacularidad de lo grotesco y el Grotesco

¿Habra sucedídole alguna vez a alguno, de conocer una persona grotesca? Si puede describirse, debería ser posible que así sea.
La teoría teatral dice(o Viñas, al menos) que el grotesco criollo es la interiorización del sainete. Interiorización en un sentido espacial, y expresivo. Estética y emocionalmente, el grotesco se dice a sí mismo: "TODO es posible. Sólo es necesario estar lo suficientemente desesperado para concebirlo como real".
La conversación que en el patio de una casa puede parecer simpática, sólo hace falta trasladarlo textualmente al living para que se convierta en algo desaforado.
Pero, lo más interesante no reside en esta interiorización, tal vez. Lo profundo del grotesco, no tanto como continuidad histórica de otra estética, sino como estética autónoma, es su cualidad contradictoria. La contradicción es vida. La vida es contradicción. El Grotesco posee la ambivalencia de producir lástima y gracia al mismo tiempo. El ridículo es tan ridículo que parece inverosímil. Pero sostener la verosimilitud en esa ridiculez hace que se cree un mundo cómico, en el que tanto sufrimiento se hace increíblemente creíble, y se cosifica, produciendo un efecto cómico, como el que Bergson describe.
Pero el grotesco no es ternura. No es reír de una ridiculez física ingenua. No es ingenuidad. O al menos, no la ingenuidad infantil que nos produce una risa cálida y brillante. No encuentro carcajadas en mi grotesco. Es una risa culpable, es la risa irónica del desasosiego. Es una puerta cerrada que nos resulta cómica por lo inevitable del camino que nos condujo hasta ella. Es el determinismo de nuestra propia capacidad de fracaso. La naturaleza de nuestros propios rostros deformes.
Cerca de mi casa hay dos "trapitos". ¿Es sabido qué es un "trapito"? Los "trapitos" son hombres y mujeres encargados de indicar lugares libres para estacionar y de "cuidar" los autos. ¡Cuántas comillas en tan sólo un par de oraciones! Resulta que estos dos trapitos son hermanos. O al menos lo parecen. O quizás se puede intuir, porque no se evidencia. Ambos son hombres mayores, a los que la vida trato con rigidez, curtiendo sus pieles. Ambos tienen ojos claros, pelos plateados, andar garboso, cansado. Y hasta hay una similitud extraña en sus caras.
Supongamos que estos dos trapitos hermanos somos Jasón y yo. Claro, yo nunca diría que Jasón es mi hermano, pero juguemos a esto un ratito, como si realmente pudiera pasar. Diría entonces que soy algo así como el Grotesco de Jasón. Su rostro es armonioso, su mirada altiva, mentón afilado, sonrisa amplia, pero soberbia. Claro, Jasón puede resultar atractivo. Y yo, claro, no dejo de serlo por ser su grotesco. Pero mis labios son más carnosos, mis ojos más cansados, y las bolsas en mis ojos más pesadas. Mi piel está más gastada, mi sonrisa es más amplia, se estira más hacia mis orejas, que son más descaradas, y se atreven a más por delante de mi pelo, que también se atreve a más, por lejos de mi cuero cabelludo, que también se atreve a más, descubriéndose por sobre mi frente, que también se atreve a más, arrugándose brutalmente con cada gesto, cada sonrisa. Podría decir que debería agradecer que Jasón es tan agraciado, porque mi cara es grotesca por parecerse a la de él, es grotesca y produce gracia porque se acerca a la de él. Soy, porque él es.
Y así, el grotesco sufre su razón de ser en ser la condensación de otra cosa. Si un poeta escribe, mis palabras son grotescas cuando quieren ser poesía. Si un actor actúa, sus personajes son su grotesco, inevitablemente. Si un cantante canta, su voz es el grotesco de su alma. Si un ratón nadando en crema es poético, cómico, sainete, Jasón; que la crema se haga manteca, éso es Grotesco. Eso, es Pancito.

miércoles, 8 de junio de 2011

Circatralidad

Viendo circo, se puede saber que el circo es teatro. O no. O que tienen en común cosas importantes, pero cosas que son muy diversas entre sí, también.
Diablos, diablos y ángeles en el circo, y también en el teatro. Proezas en un lado y en otro(aunque no siempre se vean proezas en los dos, a veces en ninguno). Público expectante en ambos, encuentro ritual, pactos, convenciones, códigos, aplausos convenidos. Sucede con los aplausos que son el pan del artista. Cada número recibe sus aplausos, como cada escena también(si logra sintetizar una sensación de cierre en el espectador). A Jasón lo irritan sobremanera los aplausos en medio de un espectáculo. No sé bien por qué.
Tuve suerte, me regalaron entradas para ver un espectáculo de circo. De circo no tradicional, como se dice. "Contemporáneo", si se quiere, para aplicar un término que engloba todo aquello que inquiere en su propio lenguaje y en cómo se usa en pos de una expresión específica de un mensaje específico, que no puede, tal vez, ser expresado de otra manera.
Como siempre, hubo problemas técnicos. Después de ingresar a la sala(término teatral nosésiaplicable a la carpa del circo) nos ubicamos en los lugares que se nos cantaba el antojo, bien al centro, lo más abajo posible(que aún con anteojos, se hace distante la distancia). Luego de eso, tuvimos que esperar una buena hora para poder empezar a ver el espectáculo, después de que la directora del espectáculo que estábamos por ver salió a explicar que había problemas con las luces y que estaban apuntando a determinados lugares en los cuales los "artistas" se veían terriblemente encandilados, haciendo posible una catástrofe, que, por otro lado, hubiera sido tremendamente espectacular y dramática.
Comenzando la función, la directora misma reúne todo el grupo de "artistas" (es intencional el uso de comillas, ya explicaré por qué) y les dice, en un inglés canadiense, muy claro, "remember, if you don't fell it, don't do it". Claro, en castizo es una suerte de invocación de una atención muy despierta y un registro muy aceitado de los mecanismos que el cuerpo inseguro desata frente a los peligros que a veces se pueden hacer cotidianos, pero no por eso menos estresantes.
Comenzado el espectáculo, las proezas comenzaron a desplegarse. Y es entonces cuando empieza a ver discrepancias entre teatro y circo. Unas discrepancias particulares de este espectáculo, tal vez. Como la tortita negra(o cara sucia, como dice una amiga de Chajarí) que tiene masa de bolita de fraile, los "artistas" componían personajes, o al menos algo similar, que no eran necesarios a la funcionalidad del espectáculo.
No se malentienda, el trabajo era genial, con excepción, claro, de una rubia gringa robusta haciendo la rutina de cuchillo más bizarra y grotesca que he visto, con la gracia para bailar de un monje tibetano alcoholizado. Pero fue justamente la rubia la que me hizo notar que se "teatralizaban" momentos para justificar acrobacias y proezas físicas que no necesitaban ser justificadas más que por el hecho de realizar esas proezas. Un maestro dijo a sus jóvenes alumnos-actores:"olvídense de interpretar a un borracho o un rengo". Claro, con la cantidad de conflictos que genera una situación actoral dada, tratar de agregar conflictos creando afectaciones, no sólo es de una enorme complejidad, también distrae de la tarea real del "artista".
Los impulsos que llevan a mover una clava, o una pelota, o un bastón y revolearlo por el aire, no hablan más que de un cuerpo luchando contra fuerzas que lo retienen, y eso es siempre poesía. No se necesitaría, tal vez, generar una falsa "teatralidad", o personajes(que muchas veces tampoco se necesitan en el teatro) inevitablemente desvariados y locos. Es apelar a cotidianizar algo que no es cotidiano, luchando quizás con las imágenes que el propio circo posee de por sí. Sería como creer que al circo no le alcanza con ser circo, y en el mismo acto de querer darle vida, estar dándole muerte.
Por último, como cereza de la torta, el número final del espectáculo era con clavas blancas, un elemento de lo más tradicional, tal vez, pero realizado por todos los artistas con una destreza asombrosa, entre varios pisos, y con una concentración formidable. La energía que se generó fue acumulada de tal manera que al terminar, los artistas se juntaron en el centro, y como si se sacaran una máscara, pero sin hacer casi ningun gesto, simplemente miraron al público, con sus rostros relajados, sus rostros desnudos, mostrando quienes eran después de todo esto.
Nada más que pancitos, como todos.

miércoles, 1 de junio de 2011

Letanía y lamentaciones de un triste poeta enamorado

En una noche nebulosa,
en que la mano
atenazada del frío
implacable
me estrujaba las costillas
despiadadamente,
pensaba sobre la forma
cíclica y arritual
que han adquirido
mis costumbres
amorosas
en los últimos años.

Decir últimos, es decir
todos los que vinieron
después del primero.
Destaponé la imagen
de un fracaso tras
el otro(aunque no sea
tan necesariamente
así, puesto que siempre
me tomé un pequeño
frasco de fracaso
entre un fracaso y el otro).

Si se me permite,
debo entenderme,
debo decir,
de una manera
absurda. Negando
lo que deseo
para obtener
lo deseado.
Y el tiempo muestra
que esa ilusión de ser
(que sí, a veces me pasa)
un ángel, de ser
deseado, no es
otra cosa que una ilusión,
en cuanto se trata
de tocar con la mano

de ángel a un verdadero
ángel, que establece
su cualidad ontológica,
negando lo que no es.

Y hay que arrancar
ese deseado amor,
que por ser deseado,
nos está vedado, 
y negado,
ese objeto que parecía
parte de uno. Hay
que eliminarlo duramente,
como se arranca
un miembro
gangrenado.

Y no duele, porque lo muerto
ya no duele, porque lo vivo,
no se queja. Y el tiempo vuelve
a pasar. Y somos cangrejos.
Y el miembro
gangrenado, empero,
no crece. No crece.

Pero la ilusión
de tener todas
las partes
de nuestro
cuerpo,
se hace tan...
irresistible.

Y pensar que podemos
ser uno
(sin ese fracaso
que no queríamos),
que podemos
ser, no tiene 
otro sentido
que el de vivir,
amasando un
bizcochuelo,
sonriendo,
con forma de miembro
arrancado,
para la próxima vez 
que nuestro amor nos hiera
con un filo sin mango.