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miércoles, 8 de junio de 2011

Circatralidad

Viendo circo, se puede saber que el circo es teatro. O no. O que tienen en común cosas importantes, pero cosas que son muy diversas entre sí, también.
Diablos, diablos y ángeles en el circo, y también en el teatro. Proezas en un lado y en otro(aunque no siempre se vean proezas en los dos, a veces en ninguno). Público expectante en ambos, encuentro ritual, pactos, convenciones, códigos, aplausos convenidos. Sucede con los aplausos que son el pan del artista. Cada número recibe sus aplausos, como cada escena también(si logra sintetizar una sensación de cierre en el espectador). A Jasón lo irritan sobremanera los aplausos en medio de un espectáculo. No sé bien por qué.
Tuve suerte, me regalaron entradas para ver un espectáculo de circo. De circo no tradicional, como se dice. "Contemporáneo", si se quiere, para aplicar un término que engloba todo aquello que inquiere en su propio lenguaje y en cómo se usa en pos de una expresión específica de un mensaje específico, que no puede, tal vez, ser expresado de otra manera.
Como siempre, hubo problemas técnicos. Después de ingresar a la sala(término teatral nosésiaplicable a la carpa del circo) nos ubicamos en los lugares que se nos cantaba el antojo, bien al centro, lo más abajo posible(que aún con anteojos, se hace distante la distancia). Luego de eso, tuvimos que esperar una buena hora para poder empezar a ver el espectáculo, después de que la directora del espectáculo que estábamos por ver salió a explicar que había problemas con las luces y que estaban apuntando a determinados lugares en los cuales los "artistas" se veían terriblemente encandilados, haciendo posible una catástrofe, que, por otro lado, hubiera sido tremendamente espectacular y dramática.
Comenzando la función, la directora misma reúne todo el grupo de "artistas" (es intencional el uso de comillas, ya explicaré por qué) y les dice, en un inglés canadiense, muy claro, "remember, if you don't fell it, don't do it". Claro, en castizo es una suerte de invocación de una atención muy despierta y un registro muy aceitado de los mecanismos que el cuerpo inseguro desata frente a los peligros que a veces se pueden hacer cotidianos, pero no por eso menos estresantes.
Comenzado el espectáculo, las proezas comenzaron a desplegarse. Y es entonces cuando empieza a ver discrepancias entre teatro y circo. Unas discrepancias particulares de este espectáculo, tal vez. Como la tortita negra(o cara sucia, como dice una amiga de Chajarí) que tiene masa de bolita de fraile, los "artistas" componían personajes, o al menos algo similar, que no eran necesarios a la funcionalidad del espectáculo.
No se malentienda, el trabajo era genial, con excepción, claro, de una rubia gringa robusta haciendo la rutina de cuchillo más bizarra y grotesca que he visto, con la gracia para bailar de un monje tibetano alcoholizado. Pero fue justamente la rubia la que me hizo notar que se "teatralizaban" momentos para justificar acrobacias y proezas físicas que no necesitaban ser justificadas más que por el hecho de realizar esas proezas. Un maestro dijo a sus jóvenes alumnos-actores:"olvídense de interpretar a un borracho o un rengo". Claro, con la cantidad de conflictos que genera una situación actoral dada, tratar de agregar conflictos creando afectaciones, no sólo es de una enorme complejidad, también distrae de la tarea real del "artista".
Los impulsos que llevan a mover una clava, o una pelota, o un bastón y revolearlo por el aire, no hablan más que de un cuerpo luchando contra fuerzas que lo retienen, y eso es siempre poesía. No se necesitaría, tal vez, generar una falsa "teatralidad", o personajes(que muchas veces tampoco se necesitan en el teatro) inevitablemente desvariados y locos. Es apelar a cotidianizar algo que no es cotidiano, luchando quizás con las imágenes que el propio circo posee de por sí. Sería como creer que al circo no le alcanza con ser circo, y en el mismo acto de querer darle vida, estar dándole muerte.
Por último, como cereza de la torta, el número final del espectáculo era con clavas blancas, un elemento de lo más tradicional, tal vez, pero realizado por todos los artistas con una destreza asombrosa, entre varios pisos, y con una concentración formidable. La energía que se generó fue acumulada de tal manera que al terminar, los artistas se juntaron en el centro, y como si se sacaran una máscara, pero sin hacer casi ningun gesto, simplemente miraron al público, con sus rostros relajados, sus rostros desnudos, mostrando quienes eran después de todo esto.
Nada más que pancitos, como todos.

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