Jasón entró rápido en la habitación, agitado, revuelto el pelo y tiznada la cara, como si hubiera corrido por un bosque a oscuras. Rápido como entró, se reorganizó y emprolijó. Notó después de unos instantes mi presencia y se incomodó, disimulando lo que yo acababa de ver desconcertado.
No me saludó hasta después de unos minutos, o quizás fueron segundos, no estoy seguro. Después de un "hola" escueto, se sentó, disimulando ansias, y esperando que yo no notara que estaba esperando algo.
Pasados unos instantes, entró en el cuarto Alanís, totalmente desconsolada, la cara enrojecida por el llanto y los labios cubiertos por mucosidad brillosa.
Jasón intentó infructuosamente impedir que su propio cuerpo se parara como impulsado por un resorte, y quedé absorto e inmóvil en el ojo de la tormenta.
"Me siento... de repente... como... una... extraña", casi gritó Alanís, gimoteando y jadeando, abrumada por la situación.
"¿De repente...?", se indignó Jasón. "Tenés que ser crítica con lo que hiciste, con como te comportaste", continuó, casi con frialdad. "Entiendo que ahora estás sufriendo, yo también lloré mucho,", explicó, "te va a ayudar a entender."
Alanís balbuceó una disculpa, se limpió los mocos con la manga de su remera de tela fina, se incorporó, y salió por la puerta, transformada, con el semblante tan serio e inmutable como nunca se lo había visto.
Me paré para seguirla y consolarla, sintiéndome expulsado del asiento que ya me resultaba poco menos que una cárcel. Pero al levantarme, vi la cara de Jasón, también transformada. Vi soledad en sus ojos claros, y un pequeñísimo mechón de pelo que se le había logrado desacomodar, a pesar del abundante gel, le daba un aspecto terriblemente patético. No había humedad en sus ojos, pero se podían ver miles de lágrimas ya vertidas, entre las esquinas brillantes de los ojos.
Antes de poder pensar 1, 2 y ...ya Alanís corría por el pasillo hacia la calle. La alcancé, tratando de entender qué era lo que había pasado. "Hasta acá llegué", me contestó. No entendí bien, evidentemente me había perdido una parte importante de la historia, y recién ahora lo estaba reconociendo. Se la notaba agitada, pero exhausta. Su cuerpo era un desierto que se había quedado sin arena para que el viento juegue. "Por favor, dejame sola". Intentó levantar una mano hacia atrás mientras caminaba, pero no pudo. No hizo falta.
Volví a mi casa. Entré, todavía tratando de entender. Abrí la puerta, y encontré a Jasón en la misma posición en la que lo había dejado al irme. Me pareció notar que la había asumido rápidamente, al sentir el sonido de la puerta. Supongo que no quería Alanís notara su sufrimiento. ¿Por qué habrá hecho eso? Nunca logro comprender por qué la gente esconde lo que siente, justo cuando debería dejar que se viera.
¿Cómo cruje un pan? ¿Cómo se desarma lo que parecía inseparable? Así, así se separaron, Jasón y Alanís, como la costra de un pan se separa de la miga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario