El universo es injusto. Dormir era descansar, recuperar energías para poder seguir pensando en ella durante el día, para seguir deseándola. Pero encontrarla en sueños derrotó cualquier intento.
"A veces me pongo tan cursi", pensó Jasón, con su pelo menos peinado que acomodado. "Pero no es enteramente culpa mía", se excusó, con su increíble habilidad para evadir responsabilidades sobre sus actos y sus consecuencias.
Ayer Alanis cantó en sueños. Cantó esa canción famosa de la Novicia Rebelde que habla de las notas y de aprender a solfear. En sueños, pensó que era Julie Andrews la que cantaba.
Jasón está sumamente enojado, como casi siempre. Tiene tanto enojo adentro. Tiene tanta injusticia en su corazón. Algunas las sufrió, algunas las cometió.
"Si tuviera poder de elección. Si pudiera decidir, no me molestaría", aclara. Claro, a quién no le gustaría poder controlar sus sueños. En los sueños todo es posible. Volar, comer sin preocupaciones, cantar como Julie Andrews."No era Julie Andrews, entonces... Era yo...", sonrió Alanis. Alanis no siempre tiene sueños placenteros. Muchas veces grita, golpea la cama y llora. Despierta llorando a la madrugada, y se levanta para ir a la cocina a tomar agua. Va al baño, y luego vuelve a tomar agua. Se acuesta de nuevo, llora un poco más, aún sin tener claro por qué, y cierra los ojos como en cámara lenta.
Jasón toma su café con los ojos bien abiertos, notoriamente abstraído en un plan, en alguna maniobra que le permita sacarla de sus sueños. Intentos inútiles, sin duda, porque ella vive ahí. Con sus sonrisas como campanas y sus ojos de abismo. "Me dijo que había tenido un mal día, y que yo se lo hice mejor", carraspea, confundido,"¿por qué me dice cosas así?"
Escribe en una hoja todas las razones por las que es razonable no estar con ella. Y en un cuaderno, cada día, el dolor de no poder abrazarla. Ya pasó más de un mes, dos meses. Ya gastó dos biromes, y sigue aún soñando con ella. Y ella está mejor, se nota, aunque lo extrañe.
Jasón tira la mitad del café que no pudo terminar de tomar. Se habían enfriado, él y el café.
Alanis sonríe, no puede creer que cantó como Julie Andrews. Objetivamente, cantó bien, afinada. "¿Pero a quién le importa cómo cantó? ¡¿Qué hace ahí?!"... Me pareció inútil preguntarle ahí dónde. Claramente Jasón no está durmiendo bien.
Alanis sonríe mientras toma un té de menta. Sé que está sonriendo mientras toma el té, aunque no la pueda ver. Cómo es posible que sueñen lo mismo, eso no lo sé.
Jasón se levanta de la silla enfrente mío, se acomoda la camisa. Me molesta que use siempre camisas. Camina de un lado al otro, como siempre, vacilando un poco más de lo normal cuando retoma la dirección opuesta. "Lo que siento... pff, qué cursi, 'siento'... lo que me pasa en sueños es incontrolable", farfulla,"¡es injusto que ella también esté ahí!". Frena, visiblemente angustiado, pero tratando de enojarse, "¡de una injusticia divina!"
Sigo comiendo mis galletitas de agua mientras lo miro. Y lo entiendo. Sueño con comer pan casero, casi cada día desde que estoy lejos de mi hogar. Pero esos sueños son sólo sueños.
