El aprendizaje más importante, y
quizás el único importante, es la resignación.
(En un aula de escuela, todos los
pupitres están vacíos, excepto el pupitre ubicado en la tercera
fila, en la izquierda del salón, el cual se encuentra ocupado por un
potus de hojas verdes amarillentas. Jasón, con su pelo negro
brillante por la gomina, en el frente del salón, junto al pizarrón,
se acomoda ritual y artificialmente, y Disculpas, que ése es el
nombre del potus, le observa con detenimiento y atención)
Yo- Bueno, alumnos(miro con confusión
a Jasón), éste es su nuevo profesor de canto, Jasón...
Jasón- Profesor Jasón.
Yo- Pero... no SOS profesor.
Jasón- (Tranquilo) Lo mismo da.
Yo- (Resigno) Profesor Jasón.
(Jasón se ensancha mientras me acomodo
a un costado para presenciar lo que me ha dicho antes será “una
masterclass sobre pedagogía artística: voy a hacer cantar a
Disculpas”. Disculpas no quita la mirada del frente, ansiosa por
comenzar la clase.)
Jasón- Alumnos.(Disculpas silencia su
pedido de atención.) Alumnas. Lo primero y más importante para
poder ser artistas es no encapsularse.(Disculpas asiente en silencio
con la mirada tímida e inconfesable.) Abrirse al mundo. Un gran
maestro ruso dijo que el actor debe buscar lo bello en todo aquello
que le rodea. No lo bonito, lo bello. (Disculpas está perpleja, no
sabe qué contestar.) Lo mismo para todo artista, poeta, músico,
etcétera. El aire, el aire circula por la belleza. La belleza está
en el aire. Por eso, para cantar, se hace indispensable respirar.
(Disculpas respira profundo, comprende exactamente qué es lo que
Jasón expresa con sus palabras. Jasón me mira, seguro de sí)
Yo- … (observo con premura los
movimientos sofisticados de Jasón, en los que hay algo de evidente
pretensión)
Jasón- Respiramos, sostenemos,
exhalamos (Disculpas respira, suavemente.) Es necesario que la
respiración sea como el secreto que todo actor guarda sobre el
escenario. (La respiración de Disculpas sigue tan imperceptible como
antes). Las raices, a tierra. (Jasón, evidentemente atravesado por
el comentario poco adecuado que le ha hecho a Disculpas, se acerca al
pupitre donde está sentada. Noto que Jasón hace las situaciones
siempre un poco más evidentes, como si la luz fuera tenue y yo no
tuviera anteojos y él deseara que yo lo pudiera notar todo con gran
detalle.) ¿Estás bien...?
Disculpas- … (En silencio, otorga.)
Jasón- Sigamos, entonces. (Vuelve
hacia adelante, como superando la situación. Explica) Una vez que la
respiración ha sido incorporada, sólo resta cantar... ¿Empezamos?
(Disculpas, tímida, concede)
Jasón- Inspiramos, sostenemos, abrimos
la boca, cantamos. (Lo hace)
Nessun dorma! Nessun dorma!
...
(Mientras canta, el
cuerpo de Jasón se llena de energía. Comienza a tensionarse un
poco, pero logra relajarse cada vez que inspira una bocanada de aire
furtiva. Las palabras en italiano parecen recitar bíblicamente:
“nada me puede faltar”. Los ojos le brillan, las narinas se le
dilatan, estirándose, danzando elásticamente. Disculpas absorbe
tranquilamente el aire plagado de vibraciones que Jasón suelta con
cada nota. Yo no entiendo bien cómo funciona la función, pero me
mantengo callado a un costado, mirando como Jasón le canta a un
potus.)
Al alba vinceró!
(En este punto se
hace evidente el despliegue de fuerzas que debe realizar Jasón para
poder seguir cantando. Las notas finales suenan bastante agitadas y
como atribuladas por una gran pasión. Miro a Disculpas, por un
momento, me parece ver una sonrisa y una lágrima en una de sus
hojas. Me siento estúpido.)
Jasón- (Sentado,
vencido, sobre una silla que agarró al terminar de cantar.) Así
puede ser una manera... (Le cuesta respirar, me mira, con una sonrisa
triunfal, como quien no puede sostenerse parado, pero acaba de dar un
paso.)
Yo- Muchas gracias, Profesor,
alumnos...(Miro a Jasón, miro a Disculpas. Percibo. Sonrío.)
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