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miércoles, 9 de marzo de 2011

Examinando


Digo, ¿para qué? Realmente. ¡Realmente! ¡¿PARA QUÉ?! Muchas veces siento que es innecesario, que no conduce a nada, que sólo destruye vidas.
Pero no, tal vez no sea tan así, mirándolo en retrospectiva hasta es comprensible, quizás no enteramente satisfactorio. Pero como mínimo, explicable. Incluso ese sufrimiento, ese padecer interminable. No por eso lo justifico y estoy seguro de que seguramente debe existir otra manera de conseguir lo mismo.
Si, no puede ser que la única manera de hacer balances y evaluaciones sobre determinados conocimientos o avances en un saber, o técnica o arte, sean los exámenes.
Pero por ahora lo son, y eso es lo que quiero desentrañar, dejar de mirar desde afuera y empezar a destripar.
No puede ser, no puede volver a suceder. ¿En qué cosmos casi irreal sucede que un examen pueda producir miedo? Y me refiero a un miedo sustancioso, de esos que producen diarrea, nervios, sarpullido, comezón, pediculosis, apneas de sueño, acidez gastroesofágica, alteraciones visuales, alucinaciones auditivas, disrupciones espaciotemporales, "nomeacuerdodenadanomeacuerdodenada", trac vocal, flojedad en las extremidades, flojedad de esfínteres, flojedad generalizada, apariciones fantasmagóricas, apariciones familiares no adecuadas al momento, retención de orina, retención de otros fluidos, babeos, pérdida del apetito, pérdida del deseo sexual, pérdida del deseo de pedir 3 deseos, pérdida del cumplimiento de los 3 deseos de la torta de cumpleaños(sí, pedir 3 veces aprobar ese maldito examen con 10 es desperdiciar 3 deseos), gases, más flojedad de esfínteres, más alucinaciones auditivas, más apariciones familiares, sobrepeso, pérdida de peso, sobrepeso, pérdida de peso, angustia, depresión, jaquecas, más angustia, más depresión, más diarrea, más apariciones familiares, caries, úlceras dérmicas, úlceras gastroesofágicas, hongos, tendinitis, desgarros, glaucoma, miopía, astigmatismo, cataratas, más diarrea, y más apariciones familiares no adecuadas al momento.
Y podríamos seguir intentando descubrir por qué sucede todo esto. El por qué de esta situación en la que nos peleamos contra una escala de 10 números, tratando de subir lo más alto posible, aplastando a los otros numeritos, que caen como piedritas de la ladera de una montaña escarpada. Pero resulta que los últimos 3 ó 4 numeritos(3 ó 4, dependiendo del examen) son numerotes, son pesados, difíciles de tirar abajo. Muchas veces están incluso fuera del alcance de nuestra fuerza. Pero lo vamos a intentar, vamos a luchar hasta que nuestras fuerzas se extingan y hasta vamos a inventar mecanismos para mover esas onerosas y horrorosas piedras que se interponen en nuestro humilde camino. Pero muchas veces esos mecanismos desploman las piedras sobre nosotros.
Y terminamos con todo ese prospecto de contraindicaciones que tiene la evaluación. El proceso de dar un examen tendría que ser casi placentero. Ok, lo concedo, CASI placentero, pero no tiene por qué ser esa tortura deleznable que sentimos sobre nosotros mismos por esa presión que quién sabe qué preconcepto sobre nuestro altísimo valor como personas o nuestra gran estima de lo que tendríamos que lograr indujo a nacer en nuestra creativísima mente de estudiantes.
Tal vez, tan sólo pensar en disfrutar, y dejar que la exigencia nos sea impuesta, como un costo para poder disfrutar lo que queremos, como un peaje o eso, un impuesto a pagar para que lo que deseamos sea posible.
Nada más, ya será día de exámen.
Y tenemos que aprobar.
¿O no?

1 comentario:

  1. Creo que te metes demasiada presion. Si no aprobas en la primera, lo haras en la segunda o en la tercera vez. Muy comica la sintomatologia, pero no te queda nada para cuando te cases o tengas un hijo o te digan que ganaste la loteria. Guardate algo para despues.

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