-Lo del progreso en el arte son tonterías archisabidas- dijo Etienne-. Pero en el jazz como en cualquier arte hay siempre un montón de chantajistas. Una cosa es la música que puede traducirse en emoción y otra la emoción que pretende pasar por música. Dolor paterno en fa sostenido, carcajada sarcástica en amarillo, violeta y negro. No, hijo, el arte empieza más acá o más allá, pero no es nunca eso.
Una amiga muy querida, pianista de excesivo talento, si puede ser que sobre de eso, invitónos a mi amigo Jasón y a mi a ver un concierto en el que participaba. Contra toda expectativa, aclaró que la música que tocaban era Música Contemporánea, así, con mayúsculas de definición conceptual. Por supuesto, esto predispuso bastante mal a Jasón, quien es intolerante por antonomasia. O, al menos, mucho menos tolerante que yo con aquello que no termina de seducirlo.
La noche fue hermosa, a pesar del clima impertinente, indeciso e inquieto. Quienes, poco avezados en el cercano Otoño porteño, decidieron salir sin abrigo por el calor que supo hacer por la tarde, sufrieron un poco el frío de la noche, como Jasón, quien maldijo su atrevimiento y osadía. El teatro, un subsuelo bien hermoseado de una calle del Abasto, se portó bien y nos recibió humildemente, pero no sin algo de petulancia exclusiva. La iluminación muy amarilla, los adornos en las paredes, la escalera modesta, y las "puertas"(o placas colgantes) de aluminio con el cartel verde encima, en la entrada que se encontraba entre la rececpción y la sala de concierto, daban un algo de Contemporáneo al clima de lo que esperaba el público. El público, variado en edad, apariencias, relaciones con los artistas. Los artistas, como aparecían en los programas, también variados: desde grupos ignotos, en gestación, hasta gente que evidentemente ya contaba con cierta experiencia en el ámbito de la música Contemporánea, y otros con muchas aspiraciones de arte(sisí, de arte, no pensemos mal). Para Jasón, los nombres como Deus ex Armonium, Magnum Rerum Rara Avis, Mariale Rondik Almada o cosas similares, pero no ficticias, circulaban arrogantemente en el programa de mano de este Ciclo de Música. La Música, que prometía ser muy Contemporánea, tenía títulos que Jasón transcribió de memoria como "Memorias aparecen", "Sensaciones cruzadas y mezcladas", o "¿Cuánta mala suerte puedo yo tener?". Yo estoy seguro de que contaban con más solemnidad, belleza y presunción, por lo que au contraire de lo que piensa Jasón, estaban bien logrados.
Por supuesto, pocas veces retengo los nombres de la música que leo en el programa sino hasta después de haber escuchado la música en sí. E incluso, según Jasón, muchas veces ni así retenemos los nombres. Supongo que estaba justificando su falta de memoria. Varias de las obras pasaron frente a mí, sin más ni más, sin pena ni gloria, sin pitos ni flautas. Pero claro, no había pitos ni flautas, había, sí, guitarras, un piano(que mi soberbiamente talentosa amiga tocaba con una gracia que Jasón no había notado en ella, según me comentó luego del concierto) y un saxofón tocado con un virtuosismo de locos por una chica con hermosas virtudes. Las obras eran buenas, no eran malas, y estaban bien interpretadas, o al menos así me pareció a mí. Jasón se reía un poco(bastante) de la solemnidad con que los músicos encaraban la tarea de interpretar sonidos no melódicos.
Entonces debo decir que entró mi amiga sola en escena, cosa que no esperaba, aunque Jasón me dijera que era obvio que la parte electrónica estaría pregrabada como pista. Y comenzó a interactuar con los sonidos sintéticos muy bien escogidos, en una obra que encajaba tal vez con mi vida, con la vida de ella, y seguramente con muchos en la sala, y en Buenos Aires, ciudad cruel, si las hay. Incluso pude notar algo de rabia en su interpretación, que me pareció adecuada al tema de la obra, aunque yo sintiera que venía de los sufrimientos escondidos en lo más profundo de su espíritu atribulado. Y Jasón notó un aura que me hizo observar. Por supuesto, a él no le importan mucho las personas y todavía me pregunto por qué somos amigos, pero tiene esa rara percepción inexplicable, que a veces logra transmitirme, de la energía extraordinaria de las personas. Y mi amiga, debo decirlo, tenía esa energía. Nunca la vi bailar, pero parecía flotar como un cisne blanco y un cisne negro sobre el piano, tocando las cuerdas directamente con gentileza angelical, o aporreando las teclas según la arbitrariedad de la partitura de una obra tal vez no excelentemente bien compuesta, pero que cumplió su rol de pretexto artístico a la perfección. Jasón quedó encantado con esta parte de la función, y cree que realmente fue el único momento donde hubo un aura encantada de extra cotidianeidad. Yo debo añadir que mi amiga estaba extraña y hermosamente fundida con el piano, el escenario, las luces y el público. Arte, lo que se dice.
Entonces, cambiaba la agrupación encargada de la interpretación de las obras. Y debo decir que me sentí avergonzado. La gente de la organización comenzó lentamente a correr el piano para los "Sufrimientos para 11 instrumentos" y Jasón, que se sintió agravado no sé muy bien por qué, comenzó a percutir sonoramente con sus manos en los apoyabrazos de su butaca. "¡Horror!", me dijo después, y se defendió,"Los intérpretes y asistentes me estaban ignorando después de cobrarme entrada". Por supuesto, el valor de la entrada había sido practicamente simbólico, pero el estúpidamente alto valor que Jasón le da al hecho teatral como rito-encuentro entre el artista y el público lo lleva muchas veces a cometer atrocidades socio-culturales.
Luego vino la obra de Mariale Rondik Almada o como quiera que se llame el divo compositor. Guau, qué complicada. Ok, lo concedo, virtuosismo. "Mi mente abstemia y burguesa se aburre", me pareció escucharle decir a Jasón en medio de la función. Yo por supuesto, mantuve un respetuoso silencio, a pesar de notar que no era Jasón el único que hablaba. No debo dejar de decir que a mí también me llamó la atención la concentración y solemnidad de la que disponían los instrumentistas dedicados a la interpretación de música tan ingrata. Jasón a este punto se reía practicamente a carcajadas de las caras desesperadas de los jóvenes instrumentistas, tratando de entrar en tiempo en esa obra que parecía no tener ningún tiempo, ni uno sólo desde el comienzo hasta el final.
En fin, luego vino un trío profesional, del cual no hablaré, porque ya se han gastado palabras de más en ellos.
Y a la salida, el clima del concierto, ah, el clima del concierto, ¡el clima de la salida!. Pero, en definitiva,un clima arcaico, de triunfo monumental. La gente se sonreía.
Jasón tenía un humor extraño, taciturno, esquivaba el saludo de los artistas a menos que no pudiera evitarlo. Sé que miró a la mujer de uno de los compositores presentes, con ansias, y con cara de torpe embobado. Estaba apurado por irse, y yo quería saludar a mi amiga. La despedida fue relativamente breve, y concreta. "Felicitaciones", decíase, "Gracias", se respondía. Muchas sonrisas y un gran éxito. Un Gigantesco Éxito Contemporáneo.
Y lo había sido, ¿o no?
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