Probablemente sea una obviedad, pero creo que he vivido una mentira. Mi arrogancia me condujo a pensar que sabía qué era el amor. Supuse que era algo palpable, simple, perceptible a flor de piel y con lepidópteros en la zona gástricoventral. Pero no, pero nada de eso. Resulta ser que ahora quiero conocer nuevos amores, para contrastar con los ya investigados.
Conocí Babilonia, recientemente. Viajé con mi amigo Jasón, de nuevo sin saber por qué. Pero claro, siempre sus revelaciones suelen ser enriquecedoras. Tuvimos que entrar en una sala rara, parecía la cocina de un hotel o un garage, o tal vez un salón de conferencias, o un patio interno. Cosas colgadas en el techo hablaban de otras actividades que se realizaban en el lugar: cosas circenses, cosas coloridas.
Y comenzó una música suave, y comenzó a atenuarse la luz, y comenzó. Por supuesto, genera expectativas escuchar música en un idioma que no se reconoce, y ver un espacio vacío que se va llenando, y lugares que se comienzan a ocupar. Y resulta que ahí me miró Jasón y me dijo por lo bajo: "¿Ves? Están pensando en mí." Supongo que se refería a que se estaba teniendo en cuenta el deseo del espectador de encontrar belleza nueva y no vista, belleza desconocida, si puede esto evitar ser un oxímoron.
Entonces empezó algo medio inexplicable, algo que parecía no tener mucho sentido. Y no sé si después recuperó ese sentido. De hecho, no me importa mucho si tuvo sentido. Entendí la historia, aunque no me pareciera tan necesario que eso sucediera. Jasón me dijo, sin embargo, que le hubiera gustado que tuviera un poco más de relieve la anécdota principal de la historia. A mí no me importó demasiado, realmente. Gente entraba en la luz tenue, con valijas caminando casi cabizbajos, como pidiendo permiso.
La visita fue rara, por momentos entendía mejor, por momentos no lograba capturar las palabras, que se escapaban en la acústica del lugar. Jasón incluso llegó a pensar que el problema era cuestión de falta técnica en los actores. Dijo que si algunos se escuchaban y otros no, es porque algunos hablaban bien y otros, no.
Pero lo importante fue el amor. El amor con que se impostaban acentos, se recreaban posturas, rictus, bailes, canciones. Y el amor con que se creía en lo hecho. Jasón es complicado, no me canso de decírselo, no me canso. Y debo decir que no soy el único que se lo dice. Me explicó extrañamente su amor por las actrices(y me pareció también entrever que también ama a los actores), dilucidando en palabras que lo importante no era el personaje, ni el actor, era exactamente el aire que había entre la cara y la máscara. "Es todo complicado, es muy complicado", suele decir Jasón, y ésta no fue la excepción. "¿Y entonces?", pregunto normalmente ofuscado, como lo hice esta vez. "Entonces... es muy difícil vivir", contesta. Y ambos nos reímos.
Luego, discutimos un tiempo. Nos debatimos entre dos posiciones no necesariamente irreconciliables: la postura dramática y la postura espectacular, por darles nombres arbitrarios. Supongamos a la postura dramática como la más cercana a la postura operística, un punto de vista virtuosístico y complejo. Y la postura espectacular como un ángulo de ciertas superficialidad y banalidad no criticables. Me obligó a comprometerme a publicar un artículo sobre esas tendencias, pero me pidió que hablara de la hermosura del talento.
Pero no se puede hablar de algo que es tan inasible o al menos no hoy, no ahora...
Eso, y tal vez otra cosa, tal vez mañana.
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