Caa suspiro, cada mirada, cada entender, cada olvido, cada recuerdo, cada roce, cada despertar, cada encontrar, cada encuentro, cada sonar, cada vibrar.
Todo, absolutamente todo, un equívoco.
Cada deseo, cada sueño, cada esperanza, cada desear. cada intentarnoconfundirlascosas, cada cerrarlosojos, cada cerrarelcorazón. cada intento, cada saltoalvacíoquenohicimos.
Todo, absolutamente todo, cobardía.
Pienso mientras acaricio la almohada, cuando despierto de una noche sin sexo. Si estuviera sólo, sólo. Pero la almohada se corre, yo la intento agarrar, y se escapa. Ah pero cuando la almohada se acerca. No corresponde. No está bien. Ahí hay algo.
Cada mirada escondida, cada intento de escapar. Todo, absolutamente todo de mí grita por un encierro que aparentemente no quiere dejar. Todo, todo de mí, lucha por ser lo que no quiere dejar de ser. Y las mentiras frugales, y las mentiras blancas, y las mentiras silenciosas, y las mentiras impunes, y las mentiras ignoradas. Y la ignorancia mentida. Y el deseo interrumpido.
En todo, cada momento cada susurro, cada entender. No es claro el entendimiento. No es claro el cielo, sino lo que nuestros ojos llegan a ver de él.
Cada palabra, cada vuelta, cada recoveco, cada insinceridad. Cada mistificación, cada enredo, cada confusión evitable.
Todo, obra de arte, teatro metateatral. Y cada vez que alguien nos pregunte, o que, por algún accidente divino, nosotros nos preguntemos, todo será como un aplauso del público al actor histriónico, exagerado, dedicado y afectado.
Y la obra se despliega así, como la factura de un hecho real, como si realmente pudiéramos dudar, como si realmente no estuviera todo ya decidido.
Cada recuerdo, cada roce, y cada recuerdo de cada roce. Y la distancia del tiempo. el tiempo es la distancia más larga entre dos lugares, dice un amigo. E imaginar que la miopía está sólo en los ojos.
Cada error. Todo, un error. Todo un error.
Si el suelo se sacudiera, mis piernas seguirían sin temblar, como si el cielo me tuviera agarrado de los brazos como a un bebé que llora.
Y, en fin, todo eso que debería ser hermosa claridad, y es un mar de complicaciones.
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