Empecé a cantar casi por accidente, por esas cosas que uno nunca logra entender. Era joven y tonto, y tomaba con literalidad toda recomendación. Todo me parecía interesante(tal vez soy aún un poco joven y bastante tonto). El pío pío de los cantantes siempre me pareció absurdo. No logré nunca entender lo interesante de la música cantada. Mi sensibilidad nunca fue buena. Mejoró con los años, con la soledad y con la compañía.
Claro, claro, no siempre se mejora. A veces se empeora. Tal vez sea ahora un poco más aburrido. Un poco menos flexible. La vida no siempre nos trata tan dulcemente como quisiéramos. "Era muy largo, después lo leo ". Ya para nada tiene tiempo la gente. Ni para complacerme, ni para obsecuenciar conmigo.
¿Cómo empecé a cantar? La verdad, quizás, haya sido siempre cantante, sólo que no lo sabía hasta que alguien me lo dijo. Aunque, no lo puede definir con claridad mi mente aún, pero lo percibo sutilmente, el escribir es cantar. Escribir, siempre escribí. Como un entrenamiento para cuando tuviera que cantar.
Superponer mi voz junto con otras, junto al director que exige, al espacio vacío del público expectante, después de haber superpuesto mi voz junto con otras al espacio vacío del director que exige. Y sentir el vacío de la propia voz y el temblor de la inseguridad y el miedo de cantar. "A ver, ahora vos ". Claro, claro, no siempre se teme. Muchas veces se disfruta. Como el encuentro, que es en definitiva el objetivo, aunque uno no sepa cuál es el objetivo.
Y, de hecho, durante años no supe cuál era el objetivo. Puedo incluso estar equivocado ahora sobre el objetivo. Pero nunca pude dejar de hacerlo. Y no puedo tampoco ahora. "¿Qué cosa? ¿El estar equivocado?" También. Jasón ya se vuelve irritante. Suele dejarme herido en el ego con sus descubrimientos sobre mi ego.
Primero uno, luego el otro, varios al mismo tiempo, silencio, fortísimo, fortissimo, pianissimo, en un movimiento confuso y alborotado o absolutamente sostenido y lírico, que no se puede explicar de otra manera que con un gesto de manos. O tal vez sí se puede, pero seguramente la comprensión sería limitada, como explicar el canto de un pájaro, o la caída de agua en una catarata, o un amanecer con el amado ser.
"Canten ",dijo, y cantamos. Sonrió. "Ahora, canten como les gustaría escucharlo, como les gustaría que alguien lo cantara ". Claro, es genial, apelar a la responsabilidad estética y creativa de 30 personas cantando al mismo tiempo. Es tonto, es inútil, pero, ¡ah!, es bello. Claro, claro, me dirán que si cada una de las 30 personas cantara como le gustaría escuchar, y las 30 tuvieran vidas distintas(cosa más que segura) y gustos distintos(MUY probablemente), la cosa nunca coincidiría. Pero no, nada de eso. Resulta que la cosa marcha pa'delante. Resulta que sí funciona. Por supuesto, habrá que ajustar criterios. Pero la meta no son los criterios. Esos criterios son un medio para lograr la vida espiritual en el arte. Una vida en particular, no general, es cierto, pero vida al fin.
Como en la vida, donde los grupos de personas sólo logran sostenerse cuando los integrantes son coherentes y consecuentes con las propias ideologías, sean o no coincidentes con las del grupo. La honestidad intelectual y moral (redundancias, creo yo), ineluctablemente, son necesarias en cualquier condición, aunque conlleven muchas veces contradicciones inexplicables.
Como el pan, que sólo es pan si la harina es harina y el agua es agua.
Absurdo, ¿no?
Sería absurdo si la harina no fuera harina y si el agua no fuera agua que siguiera pareciendo pan. Pero a veces sucede y qué difícil es sostener la honestidad intelectual, moral, afectiva cuando los otros nos dejan solos. Pero hay que intentarlo, nadie dijo que iba a ser fácil.
ResponderEliminarConsidero que lo absurdo, pero claramente genial, es que...uno empieza a hacer cosas quien sabe por qué razón...pero luego esas cosas terminan teniendo una lógica irrefutable en la estructura de nuestras vidas...en que nos decimos...por que pase tanto tiempo NO HACIENDO ESTO?
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