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miércoles, 9 de febrero de 2011

En un restaurante... argentino.


Imaginad ahora, compañero o compañera de ruta, sin miedo a ser demasiado atrevido o atrevida, tu más salvaje sueño, tu viaje más imprevisto, tu despegue hacia lo insólito. Ahora imaginad, continuad imaginando si no es mucha molestia, sin la precaución de lo imposible, sin el cuidado de lo que no puede pasar. Tu viaje comienza... ¿dónde?
Si a cualquiera se le dijera una vez en la vida que nombrara un lugar exótico al que viajar, tal vez no lo propondría como primera opción, pero China seguramente estaría entre las opciones más cargadas de prejuicio de delirio incalculable. Claro, quien no ve a China como un lugar extraño, alejado, donde la gente vive dada vuelta. Sí, literalmente dada vuelta. Nuestros pies apuntan aproximadamente en la misma dirección que la cabeza de muchos de ellos. Y son muchos, sí, son muchísimos.
Más de un 6to de la población mundial es china, es China. Obvio, eso intimida. Por número, únicamente, si se estableciera un plebiscito vinculante a nivel mundial para elegir una sola nacionalidad para todos, ellos tendrían buenas posibilidades de decidir la balanza si se pusieran de acuerdo.
En fin, China. Año nuevo chino. ¿Pero cómo?¿Tienen un año nuevo distinto del nuestro? Pues bien, supongamos que mi viaje comezaría en China. Este domingo me sentí por un momento casi ahí. Siendo la palabra clave casi, como en muchas ocasiones durante el transcurso de nuestras vidas. ¡Visitad el barrio chino, compañeros! ¿Barrio Chino? ¿China Town? Little China Town, en todo caso, por sus dimensiones y no sólo por sus dimensiones.
¡Ah, si uno pudiera viajar con quien quisiera a donde quisiera cuando quisiera! Son muchos deseos, pero no más de 3, así que cualquier genio oriental los podría cumplir. ¡O quizás el dragón chino! Pero no, dejemos inevitablemente el lado de la compañía de lado, valiendo la redundancia(aunque las redundancias nunca valen, mentiroso). Entonces, hablemos del cuándo y del dónde.
En medio de un rito de despertar budista,en el que se pedía desarrollo de la cultura moral(breve oxímoron), con miedo de que algún grasa aplaudiera o gritara "¡bravo!"(bueno, yo sí, grité "¡bravo!", e incluso varios "¡Al Colón, al Colón!", ¡pero no durante el rito budista de despertar , llevado a cabo por mujeres calvas de lo más reverenciables!) sintiendo lástima por el sol sobre hombros ajenos(y, el sol pegaba fuerte) y escuchando a un locutor nacional(de la Argentina) que resultó tener nombre chino, nombre argentino, haberse criado en el barrio de Saavedra(no, no se crió en el barrio chino)y ser locutor de Carburando, donde hubo de faltar para estar en la ceremonia; se disfrutaba el ver los dragones durmiendo, junto a los leones. Generaban expectativas, deseos, esperanzas.
Es consabido que la cola de dragón trae suerte. Entonces, el oportuno locutor incitó a todos, antes de que se despertara el dragón, a tocarle la cola, cuando pasara cerca. Luego aclaró que debía ser hecho con sutileza, porque debajo del dragón había gente. Justo aviso. Sobre todo teniendo en cuenta que esa gente, con ese dragón, estuvo dando vueltas por el barrio durante toda la tarde. Sí, toda la tarde.
Pero no nos adelantemos, luego del rito budista, comentarios políticos, choluladas, etcéteras varios y hasta un discurso improvisado de una vecina que no tendría que haber improvisado (si le interesaba su dignidad), el ministro Lombardi y la organizadora china con español voluntarioso despertaron a los dragones(no sin que antes la señora voluntariosa aclarara que lo único que había que hacer era despertarlos, que luego bailaban solos y traían prosperidad para todos) y comenzó la fiesta.
¡Y los chinos saben festejar, che! Los restos proyectiles de los cohetes, que hacían ruido y humo detrás de los dragones, empezaron a llover sobre la cámara que estaba usando para filmar. Lindo y divertido, a pesar de como suena. Emocionante, sobre todo, y a pesar de lo escalofriante que suene.
Luego, la tarde no fue relevante en su característica de china. Excepto quizás por el inverosímil apelotonamiento de gente(atribuíble, claramente, sobre todo, a la falta de espacio). Digamos que en la feria china había un puesto de panchos vieneses atendido por muy latinoamericanos hermanos. No importa quién lo atendiera, en realidad. ¡Eran panchos vieneses en el barrio chino!
¡Hermoso el arco! Más grande de lo que esperaba. Aunque el tamaño no importa, según suelen mentir...
Y así termina mi crónica del año nuevo chino, con ricas empanadas chinas y postre chino y berenjenas chinas y mangos chinos y toda esa sarta de cosas en versión china que es increíble que existan. Es raro, de hecho, que existan todas estas cosas en versión china, sobre todo teniendo en cuenta que el mayor cambio es que se estiran y afinan con respecto a las versiones de otros orígenes.
Por los palillos, o quizás por el punto de vista, ¿será?
Para pensar.
Hasta otro momento, nada extra.

3 comentarios:

  1. Por qué dejar el lado de la companía de lado?

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  2. Pero, supuse que era obvio...
    ¡Porque la compañía no era china!

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  3. Buenísima crónica,parece que hubiera estado ahí. Espero otras!!!

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