Jasón duerme en la playa de un lago, cansado el cuerpo, cansados los ojos. Estuvo viajando días y días, con una mochila cargada únicamente con lo imprescindible. Con sólo decir que incluía algunos de sus libros favoritos y muy poca ropa, alcanza para entender que lo imprescindible cambia según el punto de vista.
Mira hacia el otro lado del lago, tratando de descubrir si la otra orilla es tan caótica como ésta. La soledad de las piedras y el vaivén del agua se confunden con el viento intenso y ruidoso.
Al lado de Jasón, una mujer joven, aproximadamente de la misma edad que él, con ojos tristes, pelo abundante y brazos fuertes, también parece buscar algo del otro lado del lago. Es claro que no buscan lo mismo, y sus tristezas no están en la misma piedra, del otro lado del lago.
Ella es su regla. Su parámetro, la que lo definió, la que decidió todas sus decisiones amorosas durante muchos años. Pero no estoy refiriendome a una mera comparación, frívola y superficial, entre mediciones de belleza, cuasi como un concurso de televisión. No, algo mucho más intrínseco de la posibilidad de amar.
Ella definió qué era el amor. Ella definió qué iba a ser la belleza de una mujer. Qué iba a ser el dolor, qué extrañar, qué los celos y qué la eroticidad. Nunca, que Jasón recuerde, hasta el día de hoy, tuvo Jasón otra referencia posible. Sólo su mirada esquiva, sólo su mirada extraviada, como diciendo que no y diciendo que sí. Su sonrisa confusa, sus labios a medio extender.
Y hoy, acá, de nuevo, Jasón mide. Algo de la distancia lo hacía idealizar. Es claro que ya no tiene los mismos ojos. Las ropas casuales de la adolescencia se transformaron en un traje que viste incluso ahora, tirado como está en la orilla pedregosa de un lago de montaña. Mide con cautela, se siente estúpido con su traje, y ella tan montaña, ella tan agua de lago, tan voz de viento, tan ojos de luna.
Pero hay algo de asesinato en su medición, algo de olvido en su mirada. Y así mueren 17 años de engaños autoinfligidos, de esperas insípidas.
Ella era el molde de sus pasteles, el horno de su afecto. Y explotó con la sencillez con la que una estrella desaparece del cielo. Así, durante una noche estrellada y fresca, en la playa de un lago, cansado el cuerpo, cansados los ojos, Jasón construye un nuevo molde. Pero ya no se sabe cuándo habrá nuevos pasteles.
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