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miércoles, 20 de febrero de 2013

La pobre Disculpas resiste al verano.

No sé cómo, la pobre Disculpas(potus animado de mi amigo Jasón) resiste al verano. Los días calurosos, las sábanas sudadas, la espalda brillante, la nuca caliente. Jasón, agobiado, luce su cara con perfecto afeite y pelo ordenado, pero aturdimiento inexcusable.
No sé cómo, el verano sigue. Claro, éso es lo más interesante: no saber cómo. El misterio, la intriga.
La angustia.
Jasón camina, con los pies cansado, luego de darse una ducha helada. Los protocolos habituales -no bañarse cuando hay visitas, mantener el decoro aún en condiciones extremas, evitar la desnudez- se suspenden con pasmosidad inverosímil a altas temperaturas. Se evaporan como las gotas del sudor de nuestros cuerpos asolados por el sol.
El viento caliente del ventilador nos refresca mientras yacemos desplomados en el sillón iluminado por Febo Implacable.
Pocas conversaciones tienen sentido, y las que lo tienen son difìciles de encontrar con el cerebro tan embotado como lo tenemos. Es de esperarse: lo importante es, a un tiempo, también difícil.
Días interminables. Noches insomnes. Sombras que bailan la danza torpe de la elipse constante. El ventanal abierto, la cama cerrada.
Jasón es indiscreto cuando sufre caldeamiento: en medio del ambiente sudoroso y aburrido del fin de semana pasado, me contó una anécdota vivida con la hermosa vecina de su edificio.
La ventana del baño de Jasón  da a la ventana de la habitación de ella. Ella se mostró interesada por la relación entre Jasón y Disculpas, y mantuvieron algunas conversaciones de pasillo donde ella pidió que Jasón la invitara a alguna de sus tertulias. Jasón se siente solo, su corazón correcto y justiciero sumamente seco por los años de exigencias propias y hacia los otros.
Jasón, ansioso por invitar a su grácil vecina(según Jasón, no ha conocido mujer más bella), infinitamente cortés e indiscreto, revisó desde la ventana de su baño, un sábado por la tarde, que su vecina se encontrara. Al ver al través de la ventana de la habitación de su vecina el pecho desnudo y la cara desencajada de placer, le pareció que era el momento adecuado para interrumpir. "¡Nada menos estético", me dijo después,"que una cara desencajada de placer!".
Por supuesto, la vecina no atendió a la puerta. "Una absoluta falta de consideración", se indignó Jasón, acariciando a la impávida y acalorada Disculpas.
Verlo envuelto en su toallón blanco raído, las piernas abiertas, tirado sobre el sillón verde, sufriendo y contándome la inmensa descortesía de su sublimemente preciosa vecina, me dio aún más calor.
Mientras la danza interminable de las danzas elongando frente al enorme ventana se hacá graciosa, mis ojos se fueron replegando sobre sí mismos hasta olvidarse, pegoteados. Y un sueño sorbe lentamente en ese instante mi cerebro líquido.
Pero ésa, es otra historia.

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